Descubren un gen esencial en la resistencia del cáncer de mama

Investigadores del Instituto de Investigación del Clínico-Incliva han identificado por primera vez un gen que juega «un papel esencial» en la creación de resistencias al tratamiento de uno de los cánceres de mama más agresivos, el HER2. Según indicaron ayer fuentes del Incliva, se trata del gen CNNE2, que según la investigación que se ha desarrollado íntegramente por un grupo de investigación valenciano, es un biomarcador potencial para prevenir la resistencia al tratamiento.

El trabajo, dirigido por la doctora Pilar Eroles, del Grupo de Investigación de Biología del Cáncer de Mama, se publicó el pasado mes de enero en la revista internacional «Scientific Reports». El estudio preclínico realizado en células confirma que dos micro-RNAs, miR-26a y miR-30b, intervienen en la respuesta del organismo al tratamiento habitual de uno de los tipos de cáncer de mama más agresivo, el llamado HER2, y que el gen CNNE2 pude prevenir la resistencia al tratamiento.

Pilar Eroles, directora del Laboratorio de Oncología Molecular y Celular, comentó que en caso del cáncer de mama HER2 hay pacientes «que responden muy bien al tratamiento con trastuzumab, mientras que otras no responden, o una vez iniciado el tratamiento su cuerpo desarrolla resistencias al mismo». El proyecto se ha realizado con tres tipos de células: unas sensibles al tratamiento de trastuzumab, otras con resistencia innata, y unas terceras que desarrollan la resistencia tras el tratamiento, reproduciendo los tipos de pacientes que se producen en la clínica.

«Detectamos también que la aplicación del trastuzumab alteraba el gen CNNE2, aumentando o disminuyendo su expresión según fuera una célula resistente o sensible al tratamiento, y que la inhibición de este gen es capaz de revertir la resistencia adquirida al fármaco», precisó. Según avanzó, la segunda fase del estudio debe realizarse con muestras de tumores y, si los datos se confirman, diseñar una terapia inhibidora.

«Diseñar una molécula que bloquee la expresión del gen CNNE2 en los casos de HER2 podría ser una estrategia terapéutica para aportar esperanza para los casos que desarrollen resistencias», aseguró la doctora. El Laboratorio de Oncología Molecular y Celular que dirige Pilar Eroles forma parte del Grupo de Investigación de Biología del cáncer de mama que coordina la oncóloga Ana Lluch. La investigación del laboratorio se centra en analizar los mecanismos implicados en el desarrollo y el mantenimiento del cáncer, y el de mama en particular.

El cáncer de mama representa un tercio de todos los cánceres detectados en mujeres en España, y constituye la primera causa de mortalidad entre las mujeres españolas.

 

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Objetivo en el cáncer de mama metastásico: calidad de vida y cronificación

El cáncer de mama metastásico es un gran desconocido. Por ello, hace unas semanas en Madrid, Pfizer celebró un seminario de formación para prensa sobre él, presentado por Concha Serrano, su directora de Corporate Affairs, Health and Value. Allí se ofrecieron datos sobre esta enfermedad. El cáncer de mama es el más común entre las mujeres. Cada año se diagnostica 1,7 millones de nuevos casos en todo el mundo. Hasta un 30% de las mujeres diagnosticadas de cáncer de mama en estadio precoz acabará desarrollando enfermedad metastásica. Entre el 5% y el 10% de los casos de cáncer de mama se presenta como enfermedad metastásica en el momento del diagnóstico inicial. En 2015, se produjeron aproximadamente 560.000 muertes por cáncer de mama en todo el mundo, y más del 90% de ellas se debió a la diseminación de la enfermedad a otras partes del cuerpo (metástasis).

Miguel Martín Jiménez, jefe del Servicio de Oncología del Hospital Médica del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid, explicó lo que es el cáncer de mama metastásico. Expuso que, cuando el cáncer de mama se ha establecido de forma invasiva, se encuentra localizado en una zona que es una esponja linfática. La mama sufre una serie de cambios en el sentido de crecimiento y regresión y estos cambios son los que favorecen que pueda haber mutaciones. “Cuando el cáncer es invasivo, puede originar tres vías de expansión. Una es el crecimiento a los tejidos locales. El segundo mecanismo por el que se puede extender es hacia el sistema linfático. Finalmente, el cáncer de mama es capaz de invadir los vasos sanguíneos y extenderse por todo el organismo. El cáncer de mama puede producir metástasis en los sitios más insospechados”, avisó.

Asimismo, manifestó que, en el cáncer de mama metastásico, hay que tener muy claros los objetivos del tratamiento. De acuerdo con sus palabras, hoy por hoy, la cura como tal del cáncer de mama metastásico no se da. “Lo que sí es posible es mejorar la calidad de vida de la paciente y aumentar su supervivencia”, indicó. Sostuvo que hay pacientes que han vivido más de 20 años con cáncer de mama metastásico y que su particularidad es que los síntomas tardan en aparecer. Habló de la clasificación práctica del cáncer de mama es: triple negativo (15%), HER2-Positivo (18%) y receptor Hormonal-Positivo (67%). Se manejan de forma diferente, tienen diferentes tratamientos y diferentes pronósticos. En el triple negativo es donde ha habido menos avances. La principal conclusión de Martín Jiménez fue que el cáncer de mama metastásico continúa siendo una enfermedad esencialmente incurable. Con los modernos tratamientos, las supervivencias medias desde el momento de la recaída son: 4,5 años en tumores HER2, cuatro años en los tumores hormonales (RH+/HER2-) y un año en los tumores triple negativos. En los dos primeros grupos, se esperan mejorías de estas cifras en los próximos años gracias a los nuevos tratamientos (por ejemplo, TDM1 en tumores HER2, palbociclib en tumores hormonales). Con todo, “se necesita un continuado esfuerzo de investigación para poder lograr nuevos tratamientos que permitan una cronificación de esta forma de la enfermedad”.

En su intervención, lo primero que dijo Ana Lluch, jefa del Servicio de Hematología y Oncología del Hospital Clínico Universitario de Valencia y vocal de GEICAM, fue que el cáncer de mama supone un problema de Salud pública, por ser el tipo de cáncer más frecuente en las mujeres. “Lo bueno es que la tasa de mortalidad desde los años 90 ha ido descendiendo. Ha habido un descenso de la mortalidad en todos los países, algo que se ve en todos los estadios de la enfermedad”, apuntó. Lamentó que se conoce muy poco sobre la causa focal. Hay multitud de causas, por lo que no se puede hacer una prevención primaria, sino secundaria. A su juicio, se ha mejorado sobre todo en el tema de diagnósticos, en el tema del tratamiento convencional y en la quimioterapia. “La investigación que hasta hace poco hacíamos era clásica. Pensábamos que cuanto más tratábamos, más curábamos. La investigación iba destinada a aumentar la eficacia de los fármacos. Pero no era la forma de abordaje que hoy, con el conocimiento actual, se hace”, relató. La investigación actual es más innovadora, y se intenta aplicar tecnologías predictivas/pronósticas, con perfiles y marcadores moleculares. Hemos pasado de una medicina reactiva a personalizada, aquella que pretende ajustar cada tratamiento mediante herramientas moleculares o genómicas. Aseveró que es muy importante saber las alteraciones genómicas que tiene la enfermedad para poder aplicar un tratamiento. Hay cantidad de fármacos dirigidos a las células tumorales, “por ahí va el camino”.

Hay un 20% (hasta un 30%) de las pacientes que, a pesar de hacer lo que tengamos que hacer en un momento inicial, se nos escapa y se va a producir metástasis. Todavía necesitamos mejorar mucho. Sabemos que se puede recaer. Hoy, el objetivo del tratamiento de la enfermedad avanzada es el de cronificación, el de intentar controlar y paralizar el crecimiento de esa metástasis. Llegará un momento en el que no podremos controlarlo. Lo que sí podremos hacer es aumentar la calidad de vida y la supervivencia. No nos planteamos en esta fase del cáncer de mama metastásico la curación”, determinó. Declaró que se ha mejorado el estándar de tratamiento, no sólo en fármaco, y que hay que intentar que la quimioterapia tarde en llegar. El caudal de los tratamientos biológicos es lo que hace que se tenga actualmente el gran avance.

Hay que intentar tratar primero con terapias hormonales”, defendió. Entre sus conclusiones sobre la terapia hormonal en tumores luminales avanzados, la introducción de los inhibidores de ciclo celular representa una opción más eficaz que cualquier terapia hormonal única. Todos los estudios moleculares están ayudando a identificar qué pacientes se pueden beneficiar de dicho tratamiento.

La paciente Nelly Pérez habló del cáncer de mama metastásico en primera persona. Narró que siempre se escucha que metástasis es igual a muerte, y que tuvo miedo. De hecho, cuando le dijeron que tenía metástasis, preguntó al oncólogo si era la meta final. Lo afrontó con mucha fuerza. “La enfermedad está ahí, seguimos con tratamiento. Es algo muy importante el que intentemos cronificarla. Con el miedo, no se va a ningún sitio. Según va pasando tiempo, vas ganando confianza”, manifestó. Negó que la batalla contra el cáncer se pierda cuando la paciente se muere, como algunos medios de comunicación escriben cuando muere una persona por esta enfermedad. Refutó que “se pierde cuando desaparecen la ganas de luchar y de vivir”. Por último, Lluch y Martín Jiménez abordaron con los periodistas la importancia de la investigación. Se mostraron de acuerdo en que ésta no es un lujo, sino una “necesidad imperiosa” que tienen en los servicios oncológicos.

 

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El cáncer crece más de lo previsto en España y supera en 2015 los casos estimados para 2020

Envejecimiento, tabaco, alcohol y obesidad y sedentarismo son, según Miguel Martín, Presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y Jefe de Oncología del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, los cuatro ‘jinetes del Apocalipsis del cáncer’, y son responsables, en gran medida, de que la incidencia del cáncer en España haya aumentado más de lo previsto, ya que en 2015 se registraron 247.771 nuevos casos, (148.827 en varones y 98.944 en mujeres), lo que supone que se han sobrepasado en más de mil las estimaciones hechas para 2020, basadas en el crecimiento demográfico. Los más frecuentes en nuestro país son el cáncer colorrectal, el de próstata, pulmón, mama, vejiga y estómago, mientras que en el mundo el más diagnosticado es el de pulmón, seguido del cáncer de mama, colorrectal, el de próstata, el de estómago y el de hígado.

Son datos del ‘Informe del Cáncer en España 2017’, presentado como antesala del Día Mundial del Cáncer, que se celebró el pasado 4 de febrero, y que muestran que el cáncer sigue constituyendo una de las principales causas de morbi-mortalidad, con aproximadamente 14 millones de casos nuevos en el mundo en el año 2012. Las estimaciones poblaciones indican que el número de casos nuevos aumentará en las dos próximas décadas a 22 millones de casos nuevos al año en el mundo.

En el caso de España, según los datos presentados por Martín, el número de tumores diagnosticados en los últimos 20 años ha experimentado un crecimiento constante debido no sólo al aumento poblacional, sino también a la mejoría en las técnicas de detección precoz y al aumento de la esperanza de vida. El experto ha recordado que el riesgo de desarrollar tumores aumenta con la edad: así, crece exponencialmente en el intervalo de los 55 a los 59 años, sobre todo en los varones.

 Los datos nos dicen, comentó Martín, que en España, «uno de cada dos hombres y una de cada tres mujeres va a tener un cáncer de algún tipo a lo largo de su vida». Pero la buena noticia es que eso no quiere decir que se vayan a morir del cáncer. De acuerdo con el documento, la supervivencia de los pacientes con cáncer ha mejorado, aunque esta mejoría se debe, fundamentalmente, a los progresos obtenidos en algunos tumores como mama o colon, ya que en otros cánceres los porcentajes son mas bajos.

Más letal

Así, en España fallecieron en 2014 según los datos del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto Carlos III, 106.039 personas (65.019 varones y 41.020 mujeres), siendo el cáncer más mortal el de pulmón, seguido del colorrectal. Los otros tres más letales son el de páncreas, mama, y próstata, aunque mucho menos mortales que los dos primeros. En mujeres el más mortal es del cáncer de mama, y el de pulmón en varones. El cáncer, en algunos segmentos de edad, se ha convertido en la primera causa de muerte al retroceder la mortalidad por enfermedades cardiovasculares.

Los especialistas han insistido en un dato de enorme trascendencia. Un tercio de los cánceres podrían evitarse: «Hay gente que piensa que el cáncer es un azar y es inevitable y al que le toca le toca, pero esto no es cierto porque cuando se reducen los factores de riesgo se reducen los cánceres asociados al mismo», según Martín. La clave está en los hábitos de vida saludables, como hacer ejercicio de forma regular, reducir al mínimo el alcohol, no fumar y evitar la obesidad.

De hecho, los kilos de más también elevan el riesgo de sufrir hasta ocho tipos de tumores. Precisamente este año el Observatorio Global del Cáncer (GCO en inglés) de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), una institución dependiente de la Organización Mundial de la Salud, ha evaluado el impacto que tiene la obesidad, como causa evitable y poco reconocida por la sociedad, en el cáncer. Por ejemplo, el número de casos de cáncer de mama postmenopáusico atribuibles a la obesidad en el mundo es del 23,8% (27.664 casos), del 21,2 para el de útero o del 17,2 y del 13,7, para el de colon y riñón, respectivamente.

En este sentido, SEOM tiene como reto contribuir a modificar los hábitos poco saludables de vida, como el tabaco, el alcohol o el sedentarismo, que tanta influencia tienen en el cáncer», ha comento Martín.

Aunque los españoles tienen acceso a todos los tratamientos eficaces por ahora, Martín ha mostrado no obstante su temor de que esto «no se pueda mantener en el futuro» porque las terapias cada vez son «más costosas» y el Sistema Nacional de Salud necesita un cambio ya «para que sea menos rígido y burocratizado». Haría falta, en su opinión, abrir un debate sobre los beneficios, «a veces exagerados» de los medicamentos para tratar el cáncer, en el que deberían participar la Administración, la industria farmacéutica, los pacientes y los oncólogos para llegar a un consenso y «optimizar el modelo», para lo que ve necesario que la sanidad «no sea motivo de lucha política». «Temo que no haya dinero para pagar todos los tratamientos», señaló durante la presentación del informe.

No es la primera vez que el presidente de la SEOM reclama un consenso para abordar el tratamiento del cáncer. «España tiene un sistema de salud pública eficiente», afirmó en una reciente entrevista a ABC, pero muchas veces los partidos políticos la utilizan por intereses partidistas. En realidad, la sanidad es un ‘arma arrojadiza’ para criticar lo que hacen los otros partidos, pero no para llegar a acuerdos de mínimos. Además hay un problema en el que nadie parece pensar que es el progresivo envejecimiento de la población y la cronificación de muchas enfermedades, entre ellas el cáncer.

Sin registros

En España, a diferencia de otros países, no hay registros fiables de cáncer. Martín ha reiterado en ocasiones que este hecho es una lástima porque sería la «mejor inversión que podríamos hacer, ya que es complicado planificar sin conocer exactamente los números». Por eso a veces cree que a lo mejor habría que proponer algo más imperativo, como hacer del cáncer una enfermedad de declaración obligatoria, y así obtener una idea más precisa sobre el número de casos de cáncer anuales en España.

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Una nueva terapia previa a la cirugía en cáncer de mama logra más del 50% de curación

Un nuevo tratamiento administrado previamente a la cirugía en mujeres con cáncer de mama HER2+ logra la curación en más del 50% de los casos, lo que supone un nuevo avance para que se entre al quirófano con una enfermedad ya residual, tanto en la mama como en la axila.

El Ministerio de Sanidad ha aprobado la financiación del nuevo tratamiento con Pertuzumab y su uso en el Sistema Nacional de Salud para las pacientes con el citado grupo de cáncer, que representa alrededor del 20% de los casos.

Cada año se diagnostican en España 27.747 mujeres con cáncer de mama (una de cada cinco pacientes sufrirá el HER2+) y en el 90% de los casos se detecta en fases iniciales, cuando el tumor está en la mama o en los ganglios linfáticos.

Una fase precoz en la que se mejorará el pronóstico con el Pertuzumab, como terapia previa a la cirugía, seguida de cirugía y después de la operación.

“Gran noticia, excepcional y reconfortante” son los adjetivos con los que han calificado al nuevo fármaco el presidente del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (Geicam) y jefe de Oncología del Hospital Gregorio Marañón, Miguel Martín; la presidenta del grupo Solti y oncóloga del Hospital 12 de Octubre, Eva Ciruelos; y la directora médica de Roche, Annarita Gabriele.

A partir de ahora, según estos expertos, el nuevo fármaco podrá utilizarse no solo en pacientes metastásicas como primera opción (se aprobó en 2014 para esa indicación), sino también en mujeres diagnosticadas en estadios iniciales, mejorando así el pronóstico de este subtipo de tumor y favoreciendo que se hagan cirugías más conservadoras.

El tratamiento con Pertuzumab previo a la cirugía suele durar entre tres y seis ciclos, es decir, de dos a cinco meses, ha explicado Ciruelos.

Ha lamentado que “aún se sigan realizando intervenciones muy agresivas basadas en el tamaño inicial del tumor y no en el tamaño final que se logra tras el tratamiento previo a la cirugía”.

Aplicar un tratamiento previo a la cirugía tiene, además, ventajas en cuanto al aspecto emocional de la mujer, y permite al oncólogo saber antes si un tratamiento esta funcionando o no.

“Da una segunda oportunidad a la mujer”, ha señalado Martín.

Para lograr todo ello estos especialistas han recomendado ponerse siempre en manos de un hospital con un “equipo multidisciplinar” en el tratamiento del cáncer.

De hecho, Martín ha aconsejado “irse a otro hospital” si al que se acude primeramente no cuenta con ese tipo de equipos de equipos.

En el programa clínico con Pertuzumab han participado 130 pacientes de 16 centros de ocho comunidades autónomas, y su aprobación supone la primera vez que las autoridades sanitarias dan el visto bueno a un fármaco para cáncer de mama a partir de datos de una “respuesta patológica completa”, cuando no hay presencia de la enfermedad invasiva en mama y en ganglios axilares.

“Antes los cánceres de mama HER2+ eran el coco y ahora son de los de mejor pronóstico”, han concluido Ciruelos y Martín. 

 

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El ‘síndrome’ Bimba Bosé: por qué el cáncer de mama en jóvenes no siempre gana

Hace unas semanas falleció la modelo y DJ Bimba Bosé, que padecía un cáncer de mama metastásico, una fase actualmente no curable del tumor más común en mujeres. La juventud de Bosé, junto con la actitud con la que había encarado su enfermedad, ha hecho que el fallecimiento haya sido recibido con gran impresión por parte de la sociedad española.

La noticia habrá preocupado especialmente a mujeres como ella, pacientes de cáncer de mama que lo padecen a destiempo, como reconoce a EL ESPAÑOL el jefe de Oncología Médica del Hospital Gregorio Marañón, Miguel Martín. “Lo primero que hay que dejar claro es que este tumor en mujeres menores de 55 años es raro, excepto en el pequeño grupo que tiene riesgo familiar, asociado a mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2”, explica.

Sin embargo, el mensaje ha de ser tranquilizador, aunque con reservas. La edad en sí misma no es un factor de mal pronóstico para este tipo de tumor, pero el cáncer de mama en mujeres jóvenes tiende a ser “biológicamente más agresivo”, añade el también presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).

“Las posibilidades de que haga metástasis no dependen tanto de la edad como del tipo de cáncer”, señala por su parte la coordinadora del Comité de Relaciones Institucionales del grupo de investigación en la enfermedad SOLTI, Ana Casas.

FACTORES DE MAL PRONÓSTICO

La experta explica que existen cinco tipos principales de cáncer de mama, dependiendo de la combinación de tres factores: si son hormonodependientes,  si sobreexpresan la proteína Her2 y si tiene un índice Ki 67 (un marcador tumoral que mide el índice proliferativo de las células cancerígenas). Los tumores se clasifican en las siguientes clases: luminal A (receptores hormonales positivos y her 2 negativo), luminal B (igual pero con un Ki 67 de más del 20%), luminal C (receptores hormonales positivos y her 2 positivo), her 2 puro (receptores hormonales negativos y her 2 positivo) y triple negativo (receptores hormonales negativos y her2 negativo).

El luminal A sería el de mejor pronóstico y el triple negativo, el de peor. Pero no es lo único que determina la evolución. “También están las características clínicas, el tamaño, la afectación ganglionar y si hay o no metástasis de inicio”, añade Casas.

En las mujeres jóvenes se pueden juntar dos circunstancias poco favorables: la primera, ya mencionada, que los tipos biológicos de peor pronóstico son más frecuentes en este grupo de edad y la segunda que la detección suele ser más tardía. La razón: no existen métodos de cribado sistemático o screening válidos para toda la población.

Así, en este grupo de edad no vale de nada la realización sistemática de mamografías. “Las mamas son muy densas y no se detectarían muchas lesiones”, apunta Casas. Martín añade otro problema: “Las pruebas de screening pueden tener dos perjuicios: el sobrediagnóstico y el infradiagnóstico, que de una tranquilidad errónea”.

Tampoco son válidas las ecografías mamarias en este grupo de edad, al menos no como prueba sistemática que pudiera sustituir a las mamografías que se hacen en mujeres mayores de 45 o 50 años.

Sólo una prueba valdría para detectar el cáncer de forma precoz en las más jóvenes, pero ni su coste ni la logística necesaria para su realización. Es la resonancia magnética, que sólo se aconseja en mujeres con riesgo de cáncer de mama hereditario.

Ante esta situación, ¿qué se puede hacer? ¿Hay que resignarse a diagnosticar tarde en jóvenes unos tumores que suelen ser más agresivos que en las más mayores? Casas aboga por mostrarse atentos ante cualquier señal de cambio en los pechos. “Si una se ve un cambio, debe acudir al médico y no quedarse tranquila con la primera respuesta”, afirma la oncóloga, que anima a “insistir” hasta que se analice una lesión.

De hecho, comenta Martín, la mayoría de los casos de cáncer de mama se diagnostican por palpación, lo que no pasa en los de mujeres más mayores, que se localizan con pruebas de detección precoz.

¿Y SI HAY METÁSTASIS?

La combinación de todos los factores descritos anteriormente -todos ellos visibles en los informes médicos que recibe la paciente- permite predecir con cierto grado de certeza si va a aparecer o no metástasis. Así, una mujer joven con un tumor de mama triple negativo tendría más posibilidades de que el cáncer se reproduzca, por una sencilla razón: tiene menos opciones de tratamiento que la que tiene un luminal A o B, los de mejor pronóstico.

En total, alrededor de un 25% de todas las mujeres que recibe un diagnóstico de cáncer de mama acabará sufriendo una metástasis. En ese caso, ¿hay diferencia si se padece cuando se es joven o cuando se es más mayor?

“En igualdad de condiciones, el cáncer es igual, pero tiene una ventaja: las más jóvenes toleran mejor el tratamiento”, señala Martín, una idea con la que coincide Casas.

La evolución de la metástasis -o el tiempo de supervivencia- se verá también influida por el tipo biológico del cáncer que se padece. Así, es menor en los tumores triple negativo que han metastatizado que en los hormonodependientes que se han extendido a otros órganos.

 

http://www.elespanol.com/ciencia/salud

Descubren nuevas alteraciones génicas en cáncer de mama triple negativo

Científicos del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) han utilizado innovadoras tecnologías para identificar nuevas alteraciones génicas causantes de uno de los tipos más agresivos del cáncer de mama, el basal o triple negativo. Para este subtipo todavía se desconocen los genes que causan el desarrollo del tumor, lo que se traduce en la inexistencia de una terapia específica y que se trate con quimioterapia convencional, “mucho más agresiva y menos eficiente”, han explicado los autores.

Sin embargo, en la Unidad de Oncología Molecular del CIEMAT, con la ayuda del Centro de Investigación Biomédica en Red del Cancer (CIBERONC) han desarrollado una aproximación diferente mediante la inducción del desarrollo de tumores de manera controlada para, posteriormente, identificar todos los genes mutados en esos tumores.

Para ello, se han utilizado transposones, elementos genéticos móviles con capacidad mutagénica. Y con ayuda de la Universidad de Iowa (Estados Unidos), han desarrollado un modelo de ratón en el cual se ha introducido un transposón modificado de manera que “salte” dentro del genoma de ciertas células epiteliales del organismo e inactive los genes en donde cae.

Estos animales desarrollaron tumores de mama y el análisis por secuenciación masiva de estos tumores determinó que gran parte de ellos sufría inserciones del transposón en el gen Rasa1, que codifica para un importante regulador de la vía de Ras, una de las principales vías activadas en varios tipos de cáncer.

Estos datos fueron validados en humanos usando una triple aproximación. Por un lado, se compararon con la gran cantidad de datos generados por análisis genómico de tumores humanos y, por otro, se determinó su relevancia analizando biopsias de pacientes con cáncer de mama. Finalmente, se comprobó en cultivos celulares que las correspondientes alteraciones genéticas incrementaban la malignidad.

La importancia de este estudio, según los autores, radica en que los tumores humanos con alteraciones en el gen Rasa1 resultan ser los de tipo basal o triple negativo, aquellos que no disponen de tratamiento específico, y permite abrir una nueva vía para entender cómo se desarrollan estos tumores y diseñar una terapia específica.

 

http://www.gacetamedica.com/especializada/

Un compuesto del perejil o el brócoli, eficaz para evitar metástasis del cáncer de mama

Investigadores de la Universidad de Missouri (Estados Unidos) han descubierto que un compuesto natural presente en platas aromáticas como el perejil o el tomillo y en verduras como el brócoli o el apio, la luteolina, puede reducir el riesgo demetástasis en mujeres con cáncer de mama del tipo triple negativo.

Este tipo de tumor suele representar entre el 15 o 20% de todos los tumores de mama y se caracteriza por hacer metástasis en otras regiones cercanas a la zona afectada, según recuerdan los autores de este trabajo que publica la revista “BreastCancer-Targets and Therapy””.

“Este tipo de cáncer se caracteriza por tener células tumorales que carecen de los tres receptores a los que se dirigen los regímenes de quimioterapia actuales”, según ha reconocido Salman Hyder,  investigador principal de este estudio, de ahí que se deban utilizar estrategias terapéuticas “extremadamente agresivas y mucho más tóxicas”.

Hyder y su equipo se centraron en la luteolina tras haber demostrado su eficacia en otros tipos de cáncer y, utilizando células de cáncer de mama triple-negativas humanas cultivadas en ratones, probaron si este compuesto podía contribuir a eliminar la metástasis.

En una primera serie de pruebas, los investigadores encontraron que la luteolina inhibía la metástasis del cáncer triple negativo en los pulmones de los ratones afectados, y en la mayoría de casos no vieron ningún problema de pérdida de peso, lo que también muestra que su uso es seguro y no tiene una toxicidad apreciable.

Además,en un segundo trabajo evaluaron si la luteolina influía en la migración de las células tumorales triple negativas por todo el cuerpo, observando que quedaba inhibida por este compuesto.

 

” Las células de cáncer de mama triples negativas se mueven mucho por el cuerpo, lo que les ayuda a hacer metástasis en otros órganos”, según Hyder, que celebra haber observado que la luteolina inhibe esa migración y también puede matar las células tumorales.

Los resultados iniciales de esta investigación son prometedores, según este experto, de modo que si los estudios adicionales tienen éxito en los próximos años podrían presentar una solicitud para desarrollar fármacos basados en este compuesto para  probar su uso en humanos.

 

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La mitad de las mujeres con cáncer de mama sufren algún efecto secundario grave

El cáncer de mama es, con más de 25.000 nuevos diagnósticos anuales, el tumor más frecuente entre las mujeres de nuestro país. Un tipo de cáncer, además, que es responsable cada año de cerca de 6.200 fallecimientos, constituyendo así la enfermedad oncológica más letal entre la población femenina española. De ahí la necesidad, vital, de encontrar tratamientos más eficaces frente a este tumor. Y asimismo, más seguros y tolerables. Y es que como muestra un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Michigan en Ann Arbor (EE.UU.), cerca de la mitad de las pacientes con cáncer de mama experimentan, ya desde las primeras fases de la enfermedad, algún efecto secundario grave o muy grave asociado a sus terapias.

Como explica Steven J. Katz, director de esta investigación publicada en la revista «Cancer», «el mayor interés para las pacientes es recibir sus tratamientos en el momento preciso y según el calendario establecido cuando sea posible, para así obtener el mejor resultado clínico. Los cuidados no programados para las toxicidades, incluyendo las consultas, las visitas a los servicios de Urgencias y las estancias hospitalarias, resultan económicamente costosos, inconvenientes y perjudiciales tanto para los médicos como para las pacientes. Por tanto, debemos evitar estas toxicidades siempre que resulte posible».

Comunes y graves

El objetivo del estudio fue evaluar la tasa de efectos secundarios graves asociados al tratamiento –quimioterapia o radioterapia– del cáncer de mama. Y para ello, los autores analizaron la información aportada por 1.945 mujeres diagnosticadas de cáncer de mama en estadios iniciales sobre la presentación de siete efectos adversos comunes –náusea/vómitos, diarrea, estreñimiento, dolor, inflamación del brazo, falta de aliento e irritación de la piel de la mama– una vez había transcurrido un promedio de siete meses desde el inicio de sus tratamientos.

 Los resultados mostraron que hasta un 93% de las participantes había padecido al menos uno de los referidos efectos secundarios. Y asimismo, que en hasta un 45% de los casos, el efecto adverso tenía un carácter grave o muy grave –sobre todo en caso de presentación de dolor, irritación cutánea o estreñimiento.

Y estos efectos adversos, ¿fueron exclusivos de la quimioterapia? Pues no: hasta una tercera parte de las pacientes que sufrían un efecto secundario grave o muy grave no habían recibido quimioterapia. Además, y comparadas frente a aquellas que recibieron un único tratamiento, las pacientes tratadas con la combinación de quimioterapia y radioterapia tuvieron un riesgo un 30% superior de presentar un efecto adverso grave. Es más; las participantes en las que se practicó una doble mastectomía mostraron, frente a las sometidas a una lumpectomía, el doble de probabilidad de padecer dolor de carácter grave o muy grave.

Y ante la presentación de estas toxicidades, ¿cómo reaccionaron las pacientes? Pues en la mayoría de los casos esperaron a las consultas rutinarias de seguimiento para contárselo a sus médicos. Solo en un 9% de las situaciones concertaron una consulta adicional, y únicamente en un 5% de los casos acudieron a los servicios de Urgencias.

No hay que sufrir en silencio

En definitiva, la inmensa mayoría de las afectadas por cáncer de mama experimentan un efecto secundario grave asociado a sus terapias. Un aspecto a tener muy en cuenta dado que esta toxicidad puede conllevar a una reducción, e incluso a una interrupción, de las dosis terapéuticas, comprometiendo así la eficacia del tratamiento.

Como explica Allison Kurian, co-autora de la investigación, «como oncóloga, ya sabía por mi práctica clínica que el porcentaje de mujeres que sufren es mayor que el que normalmente se registra en los ensayos clínicos. Por lo general, las mujeres sufren en silencio, pues tienen miedo de que al decirle a sus médicos cómo las cosas van de mal se interrumpan sus tratamientos. Tenemos que cambiar esta situación».

Por ello, los autores están desarrollando una serie de herramientas para ayudar a las mujeres a entender cómo varían los efectos secundarios en función de los distintos tratamientos. Y asimismo, ya se están llevando a cabo ensayos clínicos para evaluar cómo estos efectos varían entre los regímenes de quimioterapia, así como para encontrar la mejor manera de abordarlos.

 

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Hallada una nueva diana que mejora la eficacia de la inmunoterapia frente al cáncer

La inmunoterapia es un tipo de tratamiento en el que se estimula la actividad del sistema inmune del paciente para que combata una enfermedad, caso por ejemplo de un tumor. Un tipo de terapia que, en opinión de los expertos, ha supuesto una auténtica revolución en el abordaje del cáncer. No en vano, y gracias a esta estimulación, el sistema inmune adquiere una mayor capacidad para detectar a las células tumorales y destruirlas. Sin embargo, aún queda mucho por hacer para mejorar la eficacia y, sobre todo, la seguridad de estos tratamientos. De ahí la importancia de un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores del Hospital General de Massachusetts en Boston (EE.UU.), en el que se describe una nueva diana terapéutica que, denominada ‘receptor 2 del factor de necrosis tumoral’ (TNFR2), se encuentra no solo en las células de muchos tipos de cáncer, sino también en los linfocitos T reguladores que se encargan de suprimir la respuesta inmune, lo que facilitará el desarrollo de fármacos inmunoterápicos más eficaces y seguros.

Como explica Denise Faustman, directora de esta investigación publicada en la revista «Science Signaling», «ya sabíamos que el TNFR2 se encuentra altamente expresado en el microentorno del tumor, muy especialmente en los linfocitos T reguladores, pero ahora estamos empezando a comprender la eficacia, cuando menos potencial, de actuar sobre las células cancerígenas a través del oncogén de superficie ‘TNFR2’».

Nueva diana terapéutica

En los últimos años se han desarrollado distintas terapias dirigidas con anticuerpos que actúan específicamente sobre las oncoproteínas que se expresan en las superficies de las células tumorales. Es el caso, por ejemplo, de la oncoproteína HER-2, que codificada por el oncogén HER-2 se expresa en hasta un 20% de las células del cáncer de mama. Así, el objetivo de los anticuerpos es bloquear HER-2, lo que permite inhibir las señales que emiten las células cancerígenas para promover el crecimiento tumoral. El problema es que hay muchos tipos de tumores cuyas células no expresan oncoproteínas de superficie. Entonces, ¿qué se puede hacer? Pues diseñar fármacos que, en lugar de actuar sobre las células tumorales, actúen sobre el sistema inmune. O lo que es lo mismo, fármacos inmunoterápicos.

 En este contexto, la aprobación de los denominados ‘inhibidores de puntos de control inmunológicos’, esto es, de fármacos inmunoterápicos que actúan específicamente sobre receptores que, como PD-1 o CTLA4, regulan la actividad inmunitaria mediante la inhibición de los linfocitos T reguladores, ha posibilitado mejorar la capacidad del propio sistema inmune de los pacientes para combatir el cáncer. Sin embargo, hay un problema: los linfocitos T reguladores no solo se encuentran en los tumores, sino en todo el organismo, por lo que su inhibición puede resultar contraproducente.

Pero, estos linfocitos T reguladores, ¿qué es lo que hacen? Pues básicamente, son un tipo de leucocito –o glóbulo blanco– especializado en desactivar o ‘suprimir’ la respuesta inmune, lo que facilita, entre otras funciones, que el sistema inmunitario no ataque por error a las propias células del organismo. Tal es así muchas de las actuales terapias inmunes tienen por objetivo contrarrestar esta felonía de los linfocitos T reguladores. Pero como estos linfocitos no son, ni mucho menos, exclusivos de los procesos cancerígenos, las inmunoterapias acaban actuando por todo el cuerpo, no solo sobre el tumor, y ocasionan numerosos efectos secundarios.

La solución a este problema sería el hallazgo de una diana terapéutica presente no solo en la superficie de las células cancerígenas, sino en los linfocitos T reguladores que se encuentran únicamente en los tumores. Y una vez hallada, tan solo habría que diseñar un anticuerpo específico para esta diana, lo que daría como resultado tanto la anulación de la capacidad proliferativa de las células cancerígenas como la restauración del sistema inmune. ¿Y qué es lo que han conseguido los autores de la nueva investigación? Pues en primer lugar, identificar la ansiada diana: TNFR2. Y en segundo lugar, desarrollar no solo un anticuerpo monoclonal efectivo frente a la misma, sino dos.

Dos pájaros de un tiro

Y estos nuevos anticuerpos, ¿son efectivos? Pues sí. Como muestra este estudio con cultivos celulares, los anticuerpos inhibieron la proliferación de linfocitos T reguladores, permitiendo así la restauración de la capacidad inmunitaria. Además, esta inhibición fue significativamente mayor en los cultivos con células de cáncer de ovario metastásico que en los cultivos con células sanas, lo que sugiere que los linfocitos T reguladores en los que se expresa TNFR2 son exclusivos de los microambientes tumorales.

Es más; los anticuerpos monoclonales también inhibieron la proliferación de las células de cáncer de ovario, que al no poder reproducirse acabaron activando sus programas de muerte celular.

Como concluye Xin Chen, del Instituto Nacional de Cáncer de Estados Unidos (NCI), en un editorial del mismo número de la revista, «el bloqueo de TNFR2 podría tener el efecto de ‘matar dos pájaros de un tiro’: potenciar la respuesta antitumoral del sistema inmune y matar directamente a las células cancerígenas. Así, el nuevo estudio muestra de manera clara que los antagonistas de TNFR2 constituyen una terapia anticancerígena prometedora al bloquear simultáneamente una oncoproteína en las células tumorales y un punto de control inmunológico en los linfocitos T».

 

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El estudio de biomarcadores, clave para el futuro en el abordaje del cáncer de mama

La búsqueda de biomarcadores que permitan predecir la respuesta a los tratamientos está marcando el futuro de las investigaciones sobre el cáncer de mama, tal y como ha informado este jueves Ana Lluch, miembro del Comité Científico del Grupo GEICAM de Investigación en Cáncer de Mama, con motivo de la celebración de la jornada de Conclusiones GEICAM del 39th SABCS.

De hecho, la mayor parte de las investigaciones presentadas en el 39th San Antonio Breast Cancer Simposio (SABCS), celebrado recientemente en San Antonio (Estados Unidos) y al que han asistido más de 300 expertos en cáncer de mama de todo el mundo, están encaminadas a la identificación de biomarcadores de sensibilidad o resistencia a las terapias en todos los subtipos tumorales.

Y es que, alrededor del 70% de los tipos de cáncer de mama son hormonodependientes (luminal A y B), un 15% sobreexpresa la proteína HER2 (HER2 positivo) y el resto no expresa ningún tipo de receptor (triple negativo). “En todos ellos se están produciendo avances, si bien en los de triple negativo es donde está siendo más complicado”, ha argumentado la también jefa del servicio de Oncología y Hematología del Hospital Clínico de Valencia.

Así mismo, Lluch ha informado que durante el encuentro celebrado en Estados Unidos se ha puesto de manifiesto que las alteraciones genómicas pueden cambiar cuando se produce la metástasis, por lo que es necesario no quedarse sólo con las detectadas al principio de la aparición del cáncer de mama.

Un hecho que puede ocurrir en pacientes que tienen receptores hormonales positivos, ya que se ha observado que cuando recaen pueden expresar alteraciones del receptor hormonal y dejar de ser sensibles a los inhibidores de la aromatasa y, en cambio, ser igual o más sensibles a fulvestrant y a inhibidores de ciclinas, es decir, los nuevos tratamientos.

MÁS ALTERACIONES GENÉTICAS DURANTE LA METÁSTASIS

Próximamente se van a publicar los resultados de un nuevo análisis del estudio ConvertHER, liderado por GEICAM y el MD Anderson Cancer Centenet, en el que se han secuenciado muestras del tumor inicial y del cáncer en metástasis, comprobando que se producen alteraciones “mucho más importantes” en la fase avanzada. “Por ello, es necesario que incorpore en la práctica clínica la realización de una biopsia cuando se produce una recaída”, ha aseverado la experta.

En relación al tumor de mama HER2 positivo, Lluch ha informado de que se están realizando trabajos para identificar a aquellos pacientes cuyos tumores se pueden eliminar de forma completa con el uso neoadyuvante de agentes biológicos sin necesidad de quimioterapia.

Así mismo, la investigadora ha destacado el estudio PERTAIN, liderado en España por GEICAM, en el que se pretende confirmar si en pacientes metastásicas la combinación de dos agentes biológicos (trastuzumab y pertuzumab) y una terapia hormonal (un inhibidor de la aromatasa) en primera línea mejora la supervivencia libre de profesión, frente al uso de una terapia hormonal más un solo biológico (trastuzumab). “Hemos comprobado que en el subgrupo de pacientes HER2 positivas con receptores hormonales positivos podríamos plantearnos retrasar el uso de la quimioterapia con este esquema”, ha recalcado.

Finalmente, en pacientes con cáncer de mama triple negativo, Lluch ha reconocido que se han registrado menos avances que en los dos subtipos anteriores, si bien se está investigando si en las pacientes con alteraciones de los genes BRCA1 y BRCA2 se puede aumentar la eficacia de dos familias de quimioterapias (taxanos y platinos) al combinarlos con inhibidores de la enzima PARP. “Estamos conociendo mejor la biología de estos tumores pero todavía no tenemos la piedra angular de su tratamiento”.

 

http://consalud.es/pacientes/el-estudio-de-biomarcadores