Ensayo clínico para mejorar la fatiga en pacientes con cáncer de mama

Profesionales de enfermería de la Unidad de Gestión Clínica (UGCI) Intercentros de Oncología Médica de los hospitales Regional de Málaga y Virgen de la Victoria, integrados en el grupo de investigación oncológica del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (Ibima), han iniciado un ensayo clínico para evaluar la eficacia de una intervención de enfermería educativa sobre la fatiga en pacientes con cáncer de mama en fase de revisión.

La fatiga relacionada con el cáncer tiene un efecto negativo en la calidad de vida de las pacientes, ya que impacta en las actividades diarias y relaciones sociales, considerándose la mayor causa de dependencia funcional en este colectivo.

Este estudio, que ha conseguido la V Beca de la Sociedad Española de Enfermería Oncológica valorada en 5.000€, se desarrollará durante dos años, han informado desde la junta a través de un comunicado.

En el estudio van a participar 289 pacientes, en tres grupos diferenciados de 83 personas cada uno, procedentes de las cuatro consultas de revisión de cáncer de mama del Hospital Virgen de la Victoria.

El primer grupo o grupo control, seguirá la práctica clínica habitual, recibiendo las revisiones programadas con el oncólogo.

El segundo grupo va a recibir, además, dos sesiones educativas donde se les explica, entre otros aspectos, qué es el cansancio y qué lo provoca, la importancia del descanso y ejercicios que deben realizar. Con ellos se utilizarán estrategias de terapias cognitivo-conductuales con el fin de modificar el modo de interpretación y valoración subjetiva.

En el tercer grupo se incorporarán además de las consultas programadas y las sesiones educativas, una estrategia de refuerzo a través de seguimiento telefónico a los tres, seis, nueve y doce meses de la intervención educativa.

El grupo de investigación de Cuidados Integrales de la UGCI de Oncología Médica que dirige el coordinador de Cuidados Oncológicos, Antonio Zamudino, está formado por seis enfermeras y cuenta con la colaboración y asesoramiento metodológico del Ibima.

La fatiga relacionada con cáncer (FRC) es uno de los efectos secundarios más frecuentes tras los tratamientos del cáncer de mama, y uno de los principales problemas que alteran la calidad de vida en estos pacientes.

La FRC es una sensación subjetiva y persistente, puede durar hasta años después del tratamiento, y no aparece como síntoma aislado, afectando a las esferas físicas, emocionales y cognitivas de los individuos.

A juicio de Zamudino, “ la fatiga no se presenta de forma aislada, sino junto con estados de ansiedad y depresión, dolor, anemia o cambios en la calidad del sueño, por ello en este estudio vamos a valorar todos estos aspectos que se pueden ver alterados en estas pacientes, y saber en qué medida nuestras intervenciones han mejorado la calidad del sueño, la presencia de dolor, ansiedad o depresión”.

Así, las intervenciones para tratar la fatiga se centran en reducir las manifestaciones clínicas, al mismo tiempo, los pacientes suelen referir tener un difícil acceso a cómo gestionar esta situación. En este sentido, el ejercicio se propone como una de las terapias más efectivas para promover el bienestar de los pacientes.

http://www.europapress.es/

 

Identifican uno de los mecanismos clave que permiten a las células cancerígenas sobrevivir sin glucosa.

El principal objetivo de una célula tumoral es sobrevivir, y esto incluso a costa de dañar la salud del organismo al que pertenece. Para ello está dotada de habilidades que las células sanas no tienen, entre ellas, la de seguir proliferando cuando la glucosa es muy escasa.

Los fármacos antiangiogénicos –que inhiben o reducen la formación de nuevos vasos sanguíneos– a menudo no logran eliminar el cáncer por mucho que le hagan pasar hambre evitando el desarrollo de los vasos que le aportan nutrientes y, en particular, glucosa.

Ahora, un equipo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), en España, ha identificado uno de los mecanismos bioquímicos clave que permiten a las células cancerígenas sobrevivir sin glucosa.

En concreto, han descubierto un conjunto de proteínas que, en la práctica, actúan como un interruptor. Cuando hay alimento disponible las células tumorales usan una determinada ruta bioquímica para sobrevivir y seguir proliferando; cuando no hay glucosa, el interruptor pone en marcha una ruta diferente para conseguir lo mismo.

“Las células tumorales son muy inteligentes, cuando se cierra una puerta que parecía indispensable para su crecimiento, abren otras nuevas que les permiten adaptarse a cualquier estrés y sobrevivir”, explica Nabil Djouder, investigador del CNIO y autor del trabajo publicado en Cancer Cell.

En las células –tumorales o no–, todo lo que ocurre viene dado por cadenas de reacciones bioquímicas: una proteína es modificada por la adición de una u otra molécula y ese cambio induce cambios en otras proteínas.

Viene a ser como un circuito con muchos interruptores que se abren o cierran. Djouder y su equipo han identificado uno de estos sistemas que sirve a la célula para detectar si hay o no glucosa, y para decidir qué ruta bioquímica debe seguir para sobrevivir.

Se trata de un circuito de proteínas complejo, con tres actores principales: las proteínas URI –que hacen el papel de interruptor–, OGT y c-Myc.

URI controla la actividad de OGT, y OGT detecta y utiliza la glucosa para controlar el nivel de c-Myc. Cuando hay glucosa, OGT la utiliza para estabilizar el nivel de c-Myc, que cumple su función de oncogén: convertir una célula normal en una maligna.

Pero cuando falta glucosa, URI disminuye la actividad de OGT, c-Myc se degrada y es eliminado. El resultado hace que en ausencia de glucosa, la supervivencia de la célula dependa de la actividad oncogénica de URI.

“El estudio sugiere que existe un mecanismo detector de la glucosa en el que URI actúa como regulador, controlando la actividad de OGT y por tanto los niveles de c-Myc, lo que proporciona una característica selectiva que permite a las células tumorales tolerar un estrés metabólico grave”.

“Este mecanismo puede ser de gran importancia en la generación de tumores, y podría explicar por qué las células tumorales, frente a una falta de glucosa, pueden expandirse”.

Nabil Djouder y su grupo en el CNIO trabajan ahora para encontrar la manera de intervenir eficazmente sobre la proteína URI y acabar con su regulación sobre el tumor.

 

http://noticiasdelaciencia.com/not

Mireia cuenta su lucha contra el cáncer de mama en facebook

La llama Mi Lucha y la cuenta en Facebook a pelo, sin filtros ni autocompasión. Así es ella, Mireia Catany, una profesora mallorquina que lleva desde diciembre quemando todas sus naves contra esa hostia que le dio la vida, un cáncer de mama con 38 años y dos hijos pequeños. En esa batalla, no ha perdido el tiempo ni las lágrimas. Mireia es directa y franca. Y así pelea mientras nos enseña a todos la realidad del cáncer de mama, mientras en su muro nos cuenta su enfermedad sin retocarla, sin pintarla de rosa chicle.

La muestra en la red social por pura practicidad. “Cada vez que me encontraba con alguien, le tenía que contar toda la historia. Eso era un rollo, muy pesado, así que pensé que si ponía en Facebook que tengo cáncer se enterarían todos y me lo ahorraría”, explica apenas dos semanas después de haberse hecho la mastectomía de su mama derecha, pasados ya los seis meses de quimioterapia.

Y funcionó. Todos se enteraron y se acabó el monotema cada vez que se encontraba con alguien en la calle. “Cuando lo conté, la gente me comentó más que cuando di a luz a mi hijo pequeño”, recuerda, aún pasmada por las reacciones y el apoyo. En lugar de dejarlo en ese anuncio, decidió seguir contándolo en su muro, con fotos y vídeos de sus cambios físicos, de su lucha feroz por la vida. Facebook se convirtió en su altavoz para combatir el cáncer, para normalizarlo y aplacar el miedo. “Esconderse es un error, hay que enseñar cómo es esta enfermedad. Yo he querido mostrarla porque para mí es mucho más importante vivir”, dice sin parar de sonreír. Mireia consigue eso, reír mientras batalla, reír a pesar del cansancio extremo y el dolor: “Soy una privilegiada, vivo en un país con Seguridad Social que me asegura que recibiré el tratamiento adecuado y mi cáncer ha reaccionado bien y se ha ido reduciendo”.

Asegura que ha llorado muy poco, ni siquiera cuando le dieron el diagnóstico, cuando le dijeron que el suyo es un cáncer de pecho triple negativo, el más agresivo, el peor de los posibles. Pero hubo un día que sí dolió, cuando su hija mayor, de seis años, salía del colegio triste y enfadada porque sus compañeros se metían con ella: “Tu madre está calva y es muy fea”. Así recogió a su hija a diario durante un par de semanas, hasta que decidió que tenía que pararlo. En lugar de quedarse en casa, de que otra persona fuera a por la pequeña para evitar que la vieran, Mireia puso fantasía a su cáncer. Una amiga le dibujó flores de colores en la cabeza: “Dejé de ser fea para todo el mundo y mi hija dejó de sufrir. De repente, todos querían pintárselas. Se olvidaron de la enfermedad”.

Su marido, con el que lleva 20 años, y su madre han sido sus dos grandes apoyos. Él fue quien le rapó el pelo y convirtió el momento en un espectáculo, con cresta mohicana incluida. Una forma de vivir la enfermedad con humor, porque si llega Carnaval y a ti te pilla calva por la quimio, siempre podrás decir lo que dijo Mireia: “¡Si nos disfrazamos de la Familia Addams, tú eres Gómez, la niña Miércoles y yo Fétido!”.

“Tengo una hija de seis años y mi hijo tenía uno cuando me dijeron que tenía cáncer ¿Qué tengo que hacer? No puedo dejar de luchar. Yo quiero vivir.Compadecerte y deprimirte sólo empeora todo el proceso, sabemos que afrontarlo con optimismo ayuda, es fundamental. No me permito perder el tiempo pensando en la muerte o en el dolor. Esto es una lucha diaria, si piensas en ello como algo tan largo, no puedes soportarlo. Yo me propuse que pensaría sólo en el paso en el que estuviera”, explica con franqueza Mireia, quien a sus 38 años entra en el grupo de mujeres jóvenes que sufren esta enfermedad. Según el Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (GEICAM), de los 26.000 nuevos diagnósticos que se hacen al año en España, casi el 20% (18,6%) tiene menos de 45 años.

“El riesgo de padecerlo aumenta con la edad, aunque determinados tipos de tumores, como los asociados a mutaciones hereditarias como por ejemplo BRCA1 y BRCA2, son más frecuentes en mujeres jóvenes”, explican a EL MUNDO desde la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Para entender mejor la gravedad,un dato demoledor: En 2012 se diagnosticaron 1,67 millones de casos en el mundo, 25.215 en España.

“El aumento de incidencia de algunos tumores -aseguran desde la SEOM- ha subido de forma progresiva en los últimos años por el crecimiento de la población, por su envejecimiento y sobre todo por las técnicas de detección, que son capaces de detectar la enfermedad en estadios iniciales”.

La mortalidad por cáncer de pecho ha disminuido “de forma constante desde 1991, lo que sugiere un efecto de los casos de detección precoz y de los tratamientos cada vez más eficaces”.

En esas está Mireia, emperrada en demostrar que el cáncer se supera. Con la mastectomía ya hecha, ahora sólo le queda la radioterapia: “Esto está chupado”. En octubre, ya se ve volviendo a trabajar como jefa de estudios en un colegio público de Palma. Y mientras tanto, seguirá enseñando en su muro cómo se lucha, cómo se sobrevive al cáncer sin dejar de reír.

http://www.elmundo.es/baleares

Miedo ante cada nueva revisión del cáncer

El miedo a reiniciar uno de los peores episodio de su vida, o el peor, pone en marcha cíclicamente un nuevo episodio de angustia, ansiedad, pánico o simple runrún de inquietud, en esa multitud de personas que trimestral, semestral o anualmente deben acudir a la cita con su oncólogo para acceder a una revisión del cáncer que sufrieron y que, en principio, se considera superado.

Quince días antes de cada control del cáncer de mama que Maribel B., de 58 años, vecina de Badalona,  que dio por eliminado hace dos años, vuelven las palpitaciones, la taquicardia que le calienta la cabeza, el insomnio, explica. Cuando falta una semana para las pruebas,  y la noche antes de saludar a su doctora para relatarle lo que ha ido anotando -“nada importante”, se repite a sí misma- la ansiedad es protagonista absoluta del momento. “No lo puedo evitar –relata Maribel-. Cada vez tengo más habilidad para calmarme, pero la angustia no hay quien me la quite”.

El episodio es humano y común a hombres y mujeres que supervisan su cuerpo para confirmar que el tumor maligno que sufrieron no muestra trazas de reinicio. Tan habitual, que todos los servicios de oncología de los hospitales catalanes cuentan con psicólogos que cubren ese efecto colateral del cáncer: la angustia. Algunos, entre ellos el área oncológica del Hospital del Vall d’Hebron, de Barcelona, uno de los que atiende a más mujeres afectadas por cáncer de mama de España, ofrecen contacto telefónico permanente, día y noche, con una enfermera o una doctora preparadas para eliminar dudas y reducir la ansiedad.

“Entre un 30% y un 40% de las pacientes en tratamiento, o que han vuelto a su vida habitual pero acuden a controles, nos piden ayuda”, explica Irene Mensa psicóloga especializada en oncología del Vall d’Hebron. “Las más jóvenes son las que sienten más angustia”, añade. El cáncer de mama afecta a mujeres de entre 18 y 90 años y “resulta lógico”, dice Mensa, que el anuncio de que aquel bultito captado casualmente es un tumor cause más sorpresa, y pánico, a quien tiene dos hijos pequeños, y una vida en proyecto, que a una persona de 70 años que, tal vez, ha reflexionado alguna vez sobre el hecho de que el ser humano enferma y muere.

SE TEME EL DOLOR Y LA DESFIGURACIÓN

“Se teme el dolor físico, la pérdida de autonomía que implica estar enfermas, la desfiguración que sufrirán si le les amputan uno o los dos pechos, el miedo a lo desconocido ante unos fármacos de los que han oído hablar y, en último extremo, se teme perder la vida”, enumera la psicóloga.

El antídoto fundamental de que disponen los sanitarios para atenuar esos episodios de angustia es la información, asegura la oncóloga Cristina Saura, responsable de la unidad del cáncer de mama en el Vall d’Hebron. “No les ocultamos nada, desde el momento del diagnóstico, a no ser que nos avisen de que no quieren saber demasiado sobre lo que les pasa, excepto lo que han de hacer para cumplir el tratamiento -explica Saura-. La mayoría, quieren saber, y yo creo que estar informadas es una buena forma de controlar la angustia. No es cierto que recibir un diagnóstico de cáncer de mama signifique que te vas a morir”.

La angustia aparece en dos momentos fundamentales: en el instante del anuncio de que se sufre cáncer y cuando concluye el tratamiento, más de un año después, y la paciente obtiene el permiso médico de volver a trabajar y reiniciar su vida habitual. El lapso intermedio lo ocupa sobradamente la entrada en quirófano para que el cirujano extirpe el tumor y la experimentación del posterior tratamiento farmacológico, si es que está indicado. “A veces, con la cirugía es suficiente”, advierte Saura. La terapia será más o menos traumática, o desagradable, en función de si se trata de pastillas hormonales exclusivamente, o si hay que sumar quimioterapia y radioterapia, con sus respectivas consecuencias.

“En la fase de tratamiento, puede aparecer otro tipo de miedo: el que causa la toxicidad ante la quimioterapia que van a recibir, y sus posibles efectos secundarios -prosigue Saura-. Pérdida del cabello, vómitos, insensibilidad en manos o pies, dificultad de concentración, cansancio… Algunas mujeres se niegan a afrontarlo y rechazan la quimioterapia. Recurren a otras medicinas, con un resultado incierto”.

FORMADAS PARA IDENTIFICAR

Cerrado el capítulo del tratamiento, llega el regreso a la normalidad y, con ella, la palabra “revisión”. Pronunciarla es suficiente, en muchos casos, para despertar sensaciones que coinciden en un viejo y poderoso sentimiento: el temor a morir. “Las revisiones son el momento en que comprobamos que todo sigue bien, pero, entre control y control, las pacientes saben cómo identificar cualquier rareza en su cuerpo, que destaque de la normalidad -indica Saura-. En ese caso, nos deben llamar inmediatamente,  acudir al hospital. Algunas personas que han sufrido cáncer, nunca más se desprenden de un cierto grado de angustia. “La integran. Se habitúan a ella”, dice la oncóloga.

 

http://www.elperiodico.com/

Guía de ejercicio y nutrición para el cáncer de mama

Vivir un proceso de cáncer de mama es una experiencia donde muchos de los hábitos cotidianos de vida se ven afectados o modificados por un tiempo. Entre ellos, la dieta y el ejercicio físico son algunas de estas «tareas» que deben acompañar a un correcto proceso de recuperación de las pacientes.

Por este motivo, desde la sección Novartis Oncology se ha diseñado una iniciativa que se denomina «Yo aquí y ahora: ejercicio y nutrición para pacientes con cáncer de mama» y que trata de dar respuesta a las necesidades de las mujeres con cáncer de mama localizado y avanzado en materia de ejercicio físico y nutrición.

El proyecto consiste en dos guías informativas. La «Guía de Ejercicio Físico» está dedicada a explicar los beneficios del ejercicio físico para las pacientes con cáncer de mama y facilitar planes de entrenamiento específicamente diseñados para cada etapa de la enfermedad a través de un vídeo explicativo. Y la «Guía de Nutrición» que explica los beneficios de una dieta saludable, proporcionando información sobre las ideas preconcebidas de alimentos a los que se relaciona con el cáncer e incorpora recetas para mejorar los efectos adversos relativos a los tratamientos, como la pérdida de apetito o las alteraciones intestinales.

Colaboración experta

Estos documentos han contado con la colaboración de un grupo de expertos formado por oncólogos, especialistas en nutrición y ejercicio físico, enfermeras oncológicas, psicooncólogos y pacientes.

Los materiales están avalados por Geicam (Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama), Solti (Grupo Cooperativo de Investigación Clínica Especializado en Cáncer de Mama), SEOM (Sociedad Española de Oncología Médica), Fecma (Federación española de Cáncer de Mama) y Fundación Más que Ideas.

Este proyecto ha sido presentado en Valladolid de la mano del doctor Juan Torrego, jefe de sección de Oncología Médica del Hospital Río Hortega de Valladolid, quien ha confirmado que «según datos publicados por la SEOM, en 2014 se produjeron en España unos 25.000 casos nuevos al año, lo que supone una incidencia de unos 60-70 casos nuevos por cada 100.000 habitantes/año., y lo que se traduce en que en la provincia de Valladolid, se estima una incidencia de unos 350 casos nuevos cada año».

La iniciativa «Yo, aquí y ahora: ejercicio y nutrición en pacientes con cáncer de mama» nace con el objetivo de facilitar una información avalada, contrastada y veraz sobre las principales cuestiones que preocupan a las pacientes con cáncer de mama.

Novartis Oncology cuenta con más de 30 años de experiencia en la lucha contra el cáncer de mama, con el objetivo de dar respuesta a las necesidades de las pacientes en cada una de las fases de la enfermedad. Gracias al acceso a tratamientos más avanzados y dirigidos, ha mejorado la supervivencia de estas pacientes, lo que se ha visto acompañado de una mejora en la calidad de vida que les permite llevar su día a día prácticamente normal en muchos de los casos. Tras su paso por Valladolid, este proyecto tiene previsto visitar otras regiones españolas como las Islas Canarias y Elche, entre otras.

 

http://www.abc.es/espana/castilla-leon/

La eficacia de los tratamientos puede verse disminuida con el tabaquismo

La Universidad de Lund (Suecia) ha publicado un estudio en la revista “ British Journal of Cancer”, en el cual han observado que el tratamiento del cáncer de mama con inhibidores de aromatasa  no funciona tan bien cuando las pacientes son fumadoras.

Han demostrado que las mujeres que fuman durante el tratamiento tienen un riesgo tres veces mayor de sufrir una recaída en comparación con las no fumadoras, además de tener mayor riesgo de muerte, por el propio tumor o por cualquier otra enfermedad.

En el estudio se contó con 1.016 mujeres del sur de Suecia diagnosticadas de cáncer de mama entre los años 2002 y 2012. Antes de ser operadas se les preguntó si eran fumadoras, una de cada 5 afirmó serlo, bien de forma habitual o como “fumadoras social” y en ellas se evaluó si este consumo podía tener algún impacto en la eficacia del tratamiento tras la cirugía.

Se vio que las más perjudicadas por el tabaquismo eran las mujeres mayores de 50 años tratadas con inhibidores de la aromatasa, un tipo de tratamiento que impide que el cuerpo genere estrógenos en el tejido adiposo y, con ello, reduce el riesgo de recurrencia en las pacientes con un tumor con receptores de estrógeno positivos.

El tratamiento con inhibidores de la aromatasa funcionó significativamente mejor con las pacientes no fumadoras, en cambio, se vieron pocas o ninguna diferencia entre fumadoras y no fumadoras en las pacientes tratadas con tamoxifeno, radioterapia o quimioterapia.

“ Se necesitan más estudios, pero nuestros hallazgos son importantes ya que muchos pacientes con cáncer de mama reciben este tipo de tratamiento” explica Helena Jernström, autora del estudio.

A los investigadores les sorprendió la baja tasa de abandono del tabaquismo durante el tratamiento, pese a haber sido informadas de la importancia de hacerlo. De las 206 fumadoras, sólo el diez por ciento dejo de fumar un año después de ser operadas. De hecho, reconocen que es una tasa muy baja como para evaluar si este abandono tiene algún efecto.

http://www.infosalus.com/

Aplicar la rehabilitación para el linfedema

El cáncer de mama es, sin duda, uno de los cánceres sobre el que más campañas informativas, de concienciación y de prevención existen. Resulta, por lo tanto, especialmente llamativo que una de sus inevitables consecuencias, cuando se produce la extirpación de los ganglios, el linfedema, sea un gran desconocido. En el 2008, en O Barco, dos médicos: Arias y María Álvarez crearon un protocolo para la prevención de esta enfermedad que empeora la calidad de vida de las personas y, desde hace poco más de un año, el CHUO es el único hospital gallego que ofrece atención a pacientes ingresadas o inmediatamente después de la cirugía como medida preventiva, gracias a la dedicación de la médica de rehabilitación María Álvarez.

¿De qué se habla cuando se habla de un linfedema?

En tratamientos de cáncer, bien sea de mama, ginecológico o de otro tipo, a veces los ganglios pueden estar invadidos por el tumor y hay que eliminarlos o se hace por prevención. Al hacerlo, se altera la anatomía y el líquido de ese brazo o pierna e incluso cara, no tiene donde ir. No se puede drenar, así que el miembro tiende a hincharse, y, además produce dolor. Eso es el linfedema, que puede tener hasta cuatro estadios diferentes. A la larga da muchas complicaciones, porque cuando aparece nunca se cura. Y siempre va a aparecer. Por eso es tan importante la prevención. Además, el sistema linfático, el que regulan los ganglios, también actúa en el sistema inmunológico, así que estas pacientes son más proclives a tener infecciones. Se merma mucho la calidad de vida del paciente y puede dar muchas complicaciones.

Es pionera en la creación de un protocolo para prevenirlo, ¿cómo surgió?

El doctor Arias y yo trabajábamos en O Barco y comprobamos que no había nada hecho sobre el linfedema hasta ese momento. Veíamos pacientes que padecían esta enfermedad, con brazos hinchados y con dolor, que no sabían lo que les estaba pasando. Incluso compañeros de profesión todavía desconocen lo que es esto. Es un tema desconocido, sobre todo para la paciente que tampoco sabe adónde tiene que acudir.

¿Qué plantearon?

Inculcamos la necesidad de poder ver a las pacientes lo antes posible, cuando están ingresadas o, al menos, ya en el posoperatorio inmediato. Estoy dentro del comité de mama, para poder participar en las reuniones donde se debate la actitud a seguir con la paciente. Es cierto que en ese momento, es mucha información para ellas, pero es necesario para que sepan dónde tienen que ir.

¿La prevención puede evitarlo?

Sí, totalmente. Si se hacen los cuidados y los ejercicios, está comprobado científicamente que tarda mucho en aparecer el linfedema, y que cuando aparece, como está bien tratado, se queda en un estadio más leve.

¿Qué debe hacer la paciente ?

Lo primero que hago es informar de todo lo que les han hecho para que sepan qué pasa y qué puede pasar. Después las exploro, las veo y las valoro. Lo más importante es hacer una tabla de ejercicios, incluidos en el protocolo que hicimos, que están avalados. También se les ofrecen consejos como evitar baños de agua muy calientes o fríos, evitar pulseras o hidratar muy bien la piel. Y, por último, recomendaciones médicas como, por ejemplo, evitar que en ese brazo se tome vía alguna ni la tensión. En este caso, a veces ni las enfermeras conocen que no se pueden hacer estas pruebas, así que la formación a los profesionales también es muy importante.

¿Cómo la reciben las pacientes?

Un poco asustadas porque no saben muy bien lo que es. Después piensan que es un problema más que no contaban con él. Luego lo aceptan bien, porque no es algo agresivo. Lo más difícil es lograr que consigan la constancia en los ejercicios, porque deberían hacerlo tres veces al día toda la vida. Pero notan la mejoría.

¿No es paradójico que se hable tanto del cáncer de mama y se ignore el linfedema?

Igual se debe un poco a la falta de organización de todos. A veces, en el hospital está todo pautado y se da más importancia a unas patologías que a otras. El campo del linfedema es un campo del médico rehabilitador. En un cáncer, se prioriza la cirugía, la oncología y parece que todo lo demás se abandona. Es cierto que no es algo maligno, pero es vital para tener calidad de vida.

¿Es una cuestión económica?

No, para nada. Son cosas sencillas de aplicar. Aquí no hay ningún gasto de ningún tipo. Es algo tan sencillo, como que el trabajo lo llevo yo, que subo y bajo al hospital. Lo hago porque me apetece y porque por algo hice el protocolo. Una paciente con cáncer de mama no puede no saber lo que es un linfedema, porque lo va a padecer.

¿Debería implantarse obligatoriamente esta atención?

Eso sería lo ideal. Habría que encaminarse a que fuese obligatorio. Reconozco que es complicado y que conlleva mucho trabajo, pero debería haber más conexión entre la cirugía de mama y la medicina de rehabilitación.

¿Qué haría falta para ello?

Voluntad por parte de todos los implicados. Es logística pura y dura, porque no conlleva ningún gasto económico. Esto está un poco en tierra de nadie, se trabaja como hace diez o doce años, y la incidencia del cáncer de mama es cada vez en gente más joven, sobre los 40, y de más volumen. Habría que hacer un estudio para ver qué está pasando.

¿Se le concede la importancia que tiene a esta especialidad?

Esto parece el cajón de sastre. Cuando alguien no sabe que hacer con un paciente, lo manda a rehabilitación. Aunque en los últimos años, ha ganado un poco más de importancia. Es una especialidad nueva y está totalmente infravalorado lo que hacemos. Nuestros propios compañeros no conocen parte de nuestro trabajo. Muchos incluso no creen en ello. Es una especialidad tan importante como la cardiología, sin duda. Hay que ponerla en valor y hay que concienciar a los pacientes y a nuestros propios compañeros. No somos masajistas, somos médicos rehabilitadores.

¿Vamos a un fisioterapeuta antes que a un médico rehabilitador?

La gente va directamente al fisio ante cualquier dolor, sin conocer siquiera lo que tiene y cuál sería el tratamiento más adecuado. No siempre todo es recomendable. El circuito tendría que ser ver nosotros al paciente y hacer un estudio de éste a través de la  exploración, el diagnóstico y después decidir el tratamiento adecuado.

 

http://www.laregion.es/

Pacientes de cáncer de mama comparten experiencia en un foro en Milán

Conchi Biurrun como representante de la Federación Española de Cáncer (FECMA),  tuvo la oportunidad de participar  en un foro de pacientes con cáncer de mama organizado por Roche en Milán.

El Dr. Daniele Generali habló sobre las últimas innovaciones en los tratamientos del cáncer de mama. Impresiona escuchar que esta enfermedad produce 1,5 millones de nuevos casos anuales en el mundo y que fallecen 470.000 mujeres en el mismo periodo.

Medicina más personalizada

Avanzamos hacia una medicina más personalizada, porque cada cáncer tiene características distintas y responde de forma diferente a determinados tratamientos. El análisis biológico del tumor facilita la aplicación de un tratamiento destinado específicamente a combatir ese tipo concreto de cáncer. Con los resultados del test genómico del tumor se obtiene el perfil del mismo, lo que ayuda a diseñar un tratamiento más efectivo.

Entre otros beneficios, este enfoque genómico puede evitar la quimioterapia en algunos casos, lo que aporta muchos beneficios no sólo a nivel de la salud sino que puede evitar otros daños colaterales como la pérdida del trabajo, secuelas y significa un ahorro económico para el sistema público de salud. La calidad de vida es importante en los tratamientos oncológicos.

El Dr. Paul Declerck nos habló sobre medicinas biológicas y biosimilares. Las medicinas convencionales se hacen a través de síntesis químicas, es decir reacciones químicas que son relativamente fáciles de reproducir y controlar, y de las que se obtienen moléculas pequeñas. Las medicinas biológicas se hacen con seres vivos, células, que al final de la producción dan como resultado un medicamento formado por moléculas grandes que tienen unas propiedades específicas que lo hacen único.

Se trata de un nuevo concepto en medicina, ya que un cambio en cualquiera de las etapas del proceso podría alterar considerablemente la estructura final del producto.

Biosimilares

Posteriormente han aparecido los biosimilares. Son productos de medicina biológica que contienen una versión de la sustancia ya autorizada, pero hay que tener en cuenta que biosimilares quiere decir similares pero no idénticos. En cáncer de mama existe el trastuzumab por ejemplo, y hay más en fase de experimentación.

No hay datos suficientes para conocer los resultados si se cambia un tratamiento biológico por uno biosimilar; todavía no se sabe a ciencia cierta cuáles pueden ser los posibles efectos secundarios, debido a que llevan poco tiempo en el mercado y son necesarios más trayectoria y más contrastes para disponer de evidencias científicas.

A diferencia de los medicamentos genéricos, que el paciente los identifica fácilmente ya que se llaman por su principio activo y el nombre del laboratorio, los biosimilares tienen diferentes nombres y el paciente no puede saber si se le ha cambiado a un biosimilar a no ser que el médico le informe previamente. El profesional debe informar al paciente si se produce ese cambio. Declerck concluyó diciendo que si hay efectos secundarios hay que informar sobre ellos y tanto las autoridades sanitarias como los laboratorios tienen la obligación de hacer un seguimiento.

La legislación española obligaba a prescribir por marca, los medicamentos biológicos no son sustituibles sin autorización del médico prescriptor y tanto medicamentos biológicos como biosimilares están sujetos a un seguimiento adicional.

Para Conchi Biurrun fue muy interesante la puesta en común que hicieron las 28 mujeres participantes de 16 países distintos sobre la problemática general que encuentra cada una en su lugar de origen y que son comunes en mayor o menor medida: desigualdad entre regiones del mismo país, directrices comunitarias que no se aplican, falta de información al paciente, necesidad de darle poder al paciente para que pueda tomar sus propias decisiones, mayor atención psicosocial a pacientes metastásicas, recortes en sanidad pública debido a la crisis económica…

Como conclusión los dos días en Milán sirvieron no sólo para ponerse al día en cuanto a los tratamientos en cáncer de mama, sino también para compartir entre ellas y darse cuenta que a pesar de que son “diferentes” en cuanto a países, cultura, idioma, etc, que todas, supervivientes o metastásicas, comparten la misma esperanza de que un día esta enfermedad sea curable para las generaciones futuras.

 

http://www.somospacientes.com/

 

 

La acupresión podría reducir la fatiga en el cáncer de mama

La fatiga, es uno de los efectos a largo plazo más comunes en el tratamiento del cáncer de mama. De hecho, hasta una tercera parte de las supervivientes de cáncer de mama siguen padeciendo una fatiga de grado moderado-severo incluso una década después de haber concluido sus terapias. Pero esta sensación de cansancio se puede tratar de forma eficaz, sencilla y barata. Y es que como muestra un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Michigan (EE.UU.), la técnica de la medicina tradicional china conocida como ‘acupresión’ ayuda, y mucho, a reducir la fatiga persistente en mujeres que han recibido tratamiento para el cáncer de mama.

Como indica Suzanna Zick, directora de esta investigación publicada en la revista «JAMA Oncology», «la fatiga es un síntoma subestimado en numerosas enfermedades crónicas, muy especialmente en el cáncer. Un síntoma que tiene un impacto significativo sobre la calidad de vida. Y en este contexto, la acupresión es fácil de aprender y los pacientes se la pueden practicar a sí mismo.

La acupresión, consiste en aplicar presión con los dedos o los codos en distintos puntos específicos del cuerpo. Además, esta acupresión no solo induce un efecto relajante. Y es que dependiendo de los puntos en los que se aplique la presión, también puede ser ‘estimulante’, por lo que en ocasiones se usa para ‘incrementar la energía’ del paciente.

El estudio fue llevado a cabo con la participación de 424 supervivientes de cáncer de mama que, de acuerdo a un criterio totalmente aleatorio, recibieron acupresión relajante, acupresión estimulante o cuidados convencionales –entre otros, técnicas para el abordaje del sueño–. Además, todas las participantes fueron formadas para llevar a cabo la acupresión, de forma que pudieran practicarla en sus domicilios una vez por día y a lo largo de seis semanas.

Concluido el estudio, los resultados mostraron que la acupresión, tanto relajante como estimulante, mejoró la sensación de fatiga de las participantes. Más concretamente, la acupresión redujo entre un 27% y un 34% el cansancio de las pacientes en un período de seis semanas. De hecho, hasta un 66% de las mujeres que se ‘autotrataron’ con acupresión relajante lograron unos niveles de fatiga normales gracias al tratamiento.

Es más; la acupresión, si bien únicamente la de tipo relajante, también se asoció con una mejora de la calidad del sueño y de la calidad de vida en general.

Como indican los autores, «los estudios previos han sugerido que la acupuntura podría ayudar a curar la fatiga. Sin embargo, la acupuntura no suele estar cubierta por los seguros y requiere que los pacientes acudan a un facultativo una o dos veces semanales durante un período mínimo de seis semanas. Por el contrario, la acupresión es fácil de aprender y puede realizarse en el propio domicilio».

A la luz de las evidencias, parece que la acupresión no solo resulta eficaz, sino también muy fácil de aprender. No en vano, el período de formación de las participantes no excedió de 15 minutos, tiempo suficiente para que aprendieran a localizar con precisión los puntos en los que aplicar la presión y la cantidad exacta de presión requerida en cada caso.

La acupresión, no conlleva efectos secundarios, tan solo algunas participantes aplicaron la presión con tal fuerza que acabaron provocándose hematomas. Además, un 12% de las participantes dejaron el estudio al considerar que la acupresión requería ‘demasiado trabajo’ –lo que no puede ser bueno para alguien que está tratando de paliar su fatiga.

Sea como fuere, concluye Suzanna Zick, «dado el breve entrenamiento requerido para aprender a realizar la acupresión, esta intervención podría constituir una opción de bajo coste para tratar la fatiga».

Tal es así que los autores no solo están planificando nuevos estudios para ver si esta acupresión también mejora la fatiga en otros tumores o en pacientes de cáncer de mama que aún reciben tratamiento activo, sino que también están desarrollando una aplicación para el móvil para enseñar a realizar la acupresión.

http://www.abc.es/salud/

Deterioro cognitivo en pacientes con cáncer de mama

“Estudio neuropsicológico y bioquímico del deterioro cognitivo en las pacientes con cáncer de mama tratadas con quimioterapia. La niebla química” de la especialista en psicooncología María José Delclaux Zulueta, jefa del Servicio de Medicina Complementaria del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid.

Este estudio, premiado con un accesit en la XXIII Edición del Premio de Psicología Rafael Burgaleta del Colegio de Psicólogos de Madrid, comparó dos grupos de trece mujeres cada uno con  cáncer de mama hormonodependiente que conlleva una menopausia inducida con fármacos para evitar que sean las propias hormonas femeninas las que alimenten el tumor.

La diferencia entre los dos grupos es que las mujeres del grupo experimental tenían un cáncer hormonodependiente infiltrante que se trató con quimioterapia y las del grupo control tenían un cáncer hormonodependiente tipo inductal que no requirió quimioterapia.

Las mujeres de esta investigación se sometieron a estudios neuropsicológicos mediante test y también a estudios bioquímicos para medir la presencia de radicales libres antes y después de la quimioterapia, explica la autora del trabajo.

Los resultados arrojaron que, tanto las mujeres tratadas con quimioterapia como las que no, presentaban “una disminución estadísticamente significativa” de la memoria a corto plazo tanto fruto de la menopausia provocada por fármacos, como de la quimioterapia, apunta la doctora Delclaux.

“He estudiado a hombres tratados con quimioterapia y también se observa una pérdida transitoria de memoria”, matiza.

Pero solo el grupo tratado con quimioterapia sufrió, también, una clara disminución del habla expresiva (entendida como la rapidez para encontrar la palabra adecuada al hablar) y la velocidad de procesamiento. Unos efectos transitorios.

“Las mujeres que no han recibido quimio, no solo no van a ver afectada el habla expresiva y la velocidad de procesamiento, sino que experimentan una importantísima mejora debido a que afrontan mejor la enfermedad al conocer que no será necesario un tratamiento con quimioterapia”

También podría asociarse el estrés del diagnóstico con el daño oxidativo al encontrar algún marcador (el denominado MDA) elevado en el momento del diagnóstico. Podría ser la razón por la que en los estudios bioquímicos aparecen niveles más altos de MDA en aquellas pacientes informadas de que serán tratadas con quimioterapia.

Tras el tratamiento, “no se puede establecer un vínculo directo entre la quimioterapia y el daño oxidativo, medido a través del marcador MDA. Éste se manifiesta en menor cantidad en plasma una vez finalizado el tratamiento. Probablemente necesitamos el análisis de un mayor número de marcadores para poder establecer una generalización mayor”, señala el estudio en sus conclusiones.

Otras habilidades cognitivas como la orientación espacial, la capacidad de razonamiento y la lógica no se ven afectadas en ninguno de los grupos estudiados, mientras que la capacidad psicomotriz mejora en todas las pacientes postratamiento, pero especialmente en las que no recibieron quimioterapia.

La niebla que causa la química en las pacientes con cáncer les hace sentir que no procesan bien, que su cabeza no funciona como antes.

“Cuando el oncólogo y el neurólogo derivan a estas pacientes a psicooncología porque no saben qué les pasa, nos envían a una paciente quejicosa. Pero a mí me cuentan cosas que a ellos no les cuentan: el sufrimiento que les causa ver que ahora no se enteran de las cosas, el ama de casa que después de veinte años de hacer paella todos los domingos, se encuentra con que no se acuerda del orden de los ingredientes o la persona que lee y no se entera”, comenta Delclaux.

“Explicarles que se trata de un síntoma cognitivo de la quimio, que afecta al cien por cien de los pacientes, les tranquiliza. Tuve una paciente, una física premio extraordinario de fin de carrera, a la que echaron de unos laboratorios farmacéuticos. Para ella supuso un alivio saber que sólo era un efecto secundario”.

http://www.efesalud.com/