Presidente GEICAM: Estratificar subgrupos de cáncer de mama permite actuar ante las recaídas

La estratificación de las pacientes con cáncer de mama en subgrupos más pequeños en función de nuevas alteraciones genéticas puede ayudar a predecir su respuesta al tratamiento y por tanto incidir ante posibles recaídas o procesos metastásicos.

En una entrevista con EFEsalud, el presidente del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (GEICAM), el oncólogo Miguel Martín, analiza los retos en el manejo y la investigación de este tumor, el más frecuente en la mujer.

GEICAM celebra este jueves y el viernes su 13 Simposio Internacional donde diferentes expertos abordan, en sesiones virtuales, el desarrollo de nuevos fármacos, la investigación clínica o los tumores localizados y metastásicos.

“Se trata de un foro de discusión y de formación”, afirma el doctor, donde se actualizan los últimos datos disponibles en cáncer de mama y donde se escucha también las experiencias de algunas pacientes.

Medicinas de precisión, estratificada e individualizada

En el centro de los debates esta la medicina de precisión, aquella que identifica una diana molecular a la que dirigir un fármaco, pero también el siguiente gran paso, la medicina estratificada.

Esta medicina divide o estratifica en subgrupos a pacientes con nuevas alteraciones moleculares más allá de los tres grandes tipos de cáncer de mama: el luminal u hormonal; el que expresa el oncogen HER2 y el triple negativo.

“Dentro del mismo subgrupo, hay pacientes que se curan y otras que no con el mismo tratamiento. Hay diferencias genéticas y estamos empezando a identificarlas”, explica el también jefe del Servicio de Oncología del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid.

Pero es un camino de largo recorrido cuyo fin es llegar a la medicina individualizada, aquella que abarca todo, conocer las características moleculares de cada tumor y de cada paciente, así como la disposición de medicamentos específicos.

Tres conceptos de medicina contra el cáncer (de precisión, estratificada e individualizada) que en muchas ocasiones se superponen y cuya distinción no resulta en ocasiones tan nítida.

Las plataformas genómicas

Para el oncólogo, lo ideal sería poder hacer una secuenciación genética masiva tanto del tumor como del paciente y utilizar esa información para conocer el pronóstico y la respuesta terapéutica ya que “probablemente no hay dos tumores iguales”.

“Es el futuro, sin duda, pero también el presente, en algunos hospitales norteamericanos se secuencian los cánceres de mama metastásicos”, indica.

En la práctica clínica actual se utilizan unas plataformas que analizan un número determinado de genes que pueden estar alterados en cáncer de mama.

“Estas plataformas, aunque limitadas, suponen un enorme avance en el manejo del cáncer”, señala el doctor, ya que antes los tipos luminales se trataban todos con quimioterapia y ahora sabemos que solo es beneficiosa para una tercera parte de ellos.

En el futuro habrá tecnologías más sofisticadas y, sobre todo, herramientas que permitan interpretar la enorme cantidad de información que proporcionen los estudios genómicos, unos datos que compartirá la comunidad de investigadores y médicos.

También los ensayos clínicos deben rediseñarse “partiendo de la base de las alteraciones moleculares” y hay que trabajar en la búsqueda de nuevas dianas terapéuticas ya que hasta ahora solo conocemos 30 ó 40 en los diferentes cánceres, concluye el presidente de GEICAM.

Como entidad sin ánimo de lucro, GEICAM es el grupo referente en España en investigación en cáncer de mama con más de ochocientos asociados presentes en más de doscientos centros hospitalarios e instituciones de toda la geografía.

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La perspectiva de las pacientes de cáncer de mama gana peso en ensayos que busquen calidad vida

Aunque siempre se ha contado con las pacientes de cáncer de mama que participan en los ensayos clínicos, cada vez se tiende más a estructurarlas en grupos para que, desde su perspectiva, se diseñen estudios que busquen mejorar la calidad de vida y reducir toxicidades fruto de los tratamientos.

“La novedad es el interés por ir estructurando esa voz de las pacientes de cáncer de mama en el diseño de los ensayos clínicos e incluso diseñarlos con el objetivo final de la calidad de vida”, ha indicado el doctor Ander Urruticoechea.

Este ha sido uno de los asuntos que se han abordado en el 13 Simposio virtual del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (GEICAM), celebrado el 8 y 9 de abril, en el que también se ha hablado de la biopsia líquida, la genómica del cáncer o los avances en tumores localizados y metastásicos.

Los coordinadores de esta cita científica y miembros de la Junta Directiva de GEICAM, los oncólogos Ander Urruticoechea e Isabel Álvarez, en declaraciones a EFEsalud, han analizado el devenir en la investigación del cáncer más frecuente en la mujer.

La perspectiva que ofrece la paciente cobra especial relevancia en los estudios de desescalada “donde se da menos tratamiento para tener las mismas tasas de eficacia pero con menos toxicidad”, ha manifestado el especialista.

En la jornada, la directora científica de GEICAM, Eva Carrasco, ha precisado que estos estudios de desescalada se realizan en poblaciones muy seleccionadas en las que el tratamiento estándar funciona bien, aunque con inconvenientes que afectan al día a día como son los efectos secundarios o los traslados al hospital para recibirlo.

El futuro de la biopsia líquida

La biopsia líquida, que facilita el diagnóstico sin recurrir a la extirpación de tejidos, ha sido otro de los temas ya que, aunque todavía sigue siendo un procedimiento experimental, los especialistas confían en un papel relevante en un futuro.

“Nos permite conocer las alteraciones moleculares del tumor de forma no invasiva, además de determinar qué pacientes de cáncer de mama con enfermedad localizada pueden tener más o menos riesgo de recaída en función de las alteraciones circulantes en sangre periférica”, ha señalado la doctora Isabel Álvarez.

El cáncer de mama metastásico

Respecto al cáncer de mama metastásico, uno de los caballos de batalla de la investigación, requiere no solo nuevos fármacos, sino aquellos que puedan ser tolerados en tratamientos de larga duración.

“En algunos subtipos de cáncer de mama (luminal y HER2) hemos conseguido supervivencias muy prolongadas, casi una cronificación, aunque hay que ir cambiando de tratamientos y son más o menos tóxicos”, ha apuntado la oncóloga.

La inmunoterapia en cáncer de mama

Uno de los tratamientos punteros, la inmunoterapia, solo ha demostrado eficacia por el momento en el subtipo de cáncer de mama más agresivo, el triple negativo, en especial en enfermedad avanzada.

“Para este subtipo la inmunoterapia ha sido una revolución porque no había muchos más tratamientos, pero la mama no parece el tumor perfecto para este tipo de terapia, sigue siendo una asignatura pendiente”, ha matizado el doctor Urruticoechea.

Ambos especialistas, de la Unidad de Gestión del Cáncer de Guipúzcoa, han destacado que el cáncer de mama vive una “etapa de transición” hacia un enfoque cada vez más individualizado y que la multidisciplinaridad de especialidades, en la que se incluye a la investigación como parte del abordaje, ha sido uno de los grandes pasos.

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Una herramienta predice la toxicidad grave de la quimioterapia en el cáncer de mama

Investigadores de City of Hope, un centro de tratamiento e investigación independiente para el cáncer, la diabetes y otras enfermedades potencialmente mortales, han desarrollado una herramienta que podría predecir si las mujeres mayores con cáncer de mama en etapa temprana desarrollarán una reacción grave o mortal a la quimioterapia.

Esta herramienta de evaluación de riesgos, la primera en su tipo, denominada Cancer and Aging Research Group-Breast Cancer Score (CARG-BC), ayuda a los oncólogos a realizar recomendaciones de tratamiento personalizadas. Los oncólogos pueden analizar la puntuación y su importancia con pacientes con cáncer de mama en etapa temprana de 65 años o más. 

Además, juntos, se puede tomar una decisión informada sobre la quimioterapia ya que el beneficio del tratamiento se compara con las preocupaciones sobre la calidad de vida, según Mina Sedrak, coautora principal del nuevo estudio.

“A pesar de los notables avances en el tratamiento del cáncer, las herramientas para caracterizar la toxicidad de las terapias contra el cáncer se han mantenido prácticamente sin cambios durante los últimos 20 años”, ha subrayado Sedrak.

“Esta es una nueva herramienta de medicina de precisión. En lugar de basar las decisiones de tratamiento y la atención en los datos demográficos de una enfermedad, ahora podemos ofrecer a cada paciente con cáncer de mama en etapa inicial información individualizada sobre toxicidad que podría ayudar a alinear el tratamiento con sus objetivos de estilo de vida, calidad de vida, longevidad y otras prioridades”, ha añadido.

Más del 72% de pacientes mayores con cáncer informaron que no elegirían un tratamiento contra el cáncer que provoque un deterioro funcional incluso si mejora la supervivencia, ha comentado Mina Sedrak.

Si se conoce de antemano el riesgo de toxicidad de la quimioterapia, los oncólogos y pacientes podrían trabajar juntos para decidir si la quimioterapia es la opción correcta. Se podrían recomendar modificaciones del tratamiento, como reducciones de dosis y períodos más prolongados entre la administración de quimioterapia.

El estudio abarcó 16 instituciones de todo el país, siendo City of Hope la institución principal. Incluyó a 473 pacientes de 65 años o más con cáncer de mama en estadio 1-3 (283 en la cohorte de desarrollo; 190 en la cohorte de validación). Todas fueron tratados con quimioterapia antes o después de la cirugía y se evaluaron los síntomas geriátricos y clínicos predictivos de efectos secundarios graves (grado 3), debilitantes (grado 4) o mortales (grado 5) debido a la quimioterapia.

“Aunque la quimioterapia es una forma eficaz de tratar el cáncer de mama en etapa inicial, también conlleva un riesgo de efectos secundarios. Existe un delicado equilibrio entre los beneficios de la quimioterapia y el daño de los posibles efectos secundarios”, ha señalado Canlan Sun, autor principal del estudio.

“El desarrollo de toxicidad severa por quimioterapia no solo puede dañar a la paciente, sino que también puede comprometer la capacidad de un adulto mayor para completar el ciclo completo de quimioterapia, posiblemente reduciendo el beneficio potencial del tratamiento del cáncer”, ha agregado.

Mina Sedrak ha manifestado que la mayoría de las mujeres con cáncer de mama en etapa inicial tienen una enfermedad potencialmente curable y algunas se beneficiarían de la quimioterapia después de la cirugía. “Desafortunadamente, las mujeres mayores de 65 años o más, que representan aproximadamente la mitad de todos los diagnósticos de cáncer de mama, tienen menos probabilidades de recibir quimioterapia en comparación con las pacientes más jóvenes, a veces porque sus médicos temen que no podrán tolerarla”, ha apostillado.

La puntuación CARG-BC se obtiene combinando ocho predictores de enfermedad y notificados por el paciente: uso de quimioterapia con antraciclinas, cáncer de mama en estadio 2 o 3, duración del tratamiento planificada más prolongada, función hepática anormal, hemoglobina baja, caídas, capacidad para caminar limitada y falta de apoyo social.

Como siguiente paso, los investigadores buscarán mejorar la herramienta de evaluación del riesgo de toxicidad de la quimioterapia con más marcadores biológicos. Intentarán identificar biomarcadores que puedan predecir efectos secundarios graves o mortales de la quimioterapia. Están trabajando para identificar intervenciones para ayudar a las pacientes mayores con cáncer de mama para que obtengan el mayor beneficio y la menor toxicidad de la quimioterapia.

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Ibrance, en combinación con letrozol, es efectivo para el cáncer de mama metastásico HR+ y HER2-

La revista online Breast Cancer Research ha publicado un análisis revisado por pares de un estudio de datos de vida real (RWE) que muestra que el tratamiento de primera línea con Ibrance (palbociclib), de la compañía biofarmacéutica Pfizer, en combinación con letrozol, se asocia con una mejor supervivencia libre de progresión según datos de uso en vida real (rwPFS) y supervivencia global (SG) en mujeres con cáncer de mama metastásico (CMm) con receptor hormonal positivo (HR+), factor de crecimiento epidérmico humano 2 negativo (HER2-), en comparación con letrozol solo.

Estos resultados representan el primer análisis comparativo de efectividad respecto a los resultados de supervivencia de un inhibidor de CDK 4/6 en la práctica clínica diaria. Con una mediana de seguimiento de, aproximadamente, dos años, y después de igualar las características demográficas y clínicas basales, la mediana de la supervivencia libre de progresión según datos de uso en vida real fue de 20 meses con palbociclib más letrozol frente a 11,9 meses con letrozol solo.

La mediana de supervivencia global no se alcanzó entre los pacientes del grupo de palbociclib y fue de 43,1 meses en los del grupo de letrozol. Estos hallazgos representan una reducción del 42 por ciento en el riesgo de progresión y una reducción del 34 por ciento en el riesgo de muerte.

“Los estudios de vida real se usan cada vez más para complementar los datos de los ensayos clínicos aleatorizados tradicionales, con el objetivo de entender mejor la efectividad de una terapia en la práctica clínica diaria y tomar decisiones sobre el tratamiento”, explica el miembro de Oncología Médica del Hospital Regional y Universitario Virgen de la Victoria de Málaga, el doctor Emilio Alba, que añade que “los resultados de este estudio histórico están en línea con el impacto positivo que los oncólogos hemos observado en nuestras consultas con las pacientes tratadas con palbociclib en combinación”.

Datos de vida real

Este estudio también refleja que la tasa de supervivencia global a dos años es del 78,3 por ciento en el grupo de palbociclib más letrozol y del 68 por ciento en el de letrozol solo. Los beneficios de la supervivencia libre de progresión en el mundo real y de la supervivencia global son, en líneas generales, consistentes en todos los subgrupos, incluidas las pacientes más jóvenes (18-50 años) e independiente del lugar o la extensión de las metástasis.

“La evidencia de datos de vida real es clave en nuestro proceso de innovación y desarrollo en la atención para pacientes con cáncer de mama, que, además, respaldan nuestros ensayos clínicos aleatorizados”, afirma la directora médica de la Unidad de Oncología de Pfizer España, la doctora Cecilia Guzmán.

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Es validado el primer biomarcador que predice la supervivencia en cáncer de mama metastásico

Investigadores del Clínic-IDIBAPS, la UB y SOLTI han identificado y validado una clasificación molecular en el cáncer de mama hormonosensible avanzado que ya ha resultado ser muy útil para el tratamiento de los pacientes con esta patología. El estudio ha determinado cuatro subtipos (Luminal A, Luminal B, HER2-enriquecido y Basal-like) que ayudarán a afinar mucho más los tratamientos y maximizar su efectividad.

Se trata del mayor estudio en demostrar el valor del biomarcador y el primero en hacerlo en el contexto de los inhibidores de la proteína CDK4/6, como el ribociclib. La investigación, publicada en la prestigiosa revista Journal of Clinical Oncology, la ha coordinado el doctor Aleix Prat, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Clínic y presidente de SOLTI.

“Observamos que había pacientes en los que la enfermedad estaba muy controlada con la terapia hormonal y el ribociclib, pero otros a los que el tratamiento no les hacía efecto. Y esto que veíamos en la consulta en parte se explica gracias a estos cuatro grupos moleculares que hemos identificado”, explica Prat a La Vanguardia.

Para llevar a cabo su estudio, los investigadores analizaron la expresión de 152 genes en 1.160 pacientes con cáncer de mama hormonosensible avanzado (el mayoritario, supone un 70% de los casos) tratados en tres ensayos clínicos fase III del programa MONALEESA, que llevó a la aprobación del ribociclib por las autoridades sanitarias.

Un total de 488 pacientes recibieron la terapia hormonal sola y 672 en combinación con el ribociclib. El subtipo molecular Luminal A fue el más frecuente (47%), seguido por el Luminal B (24%), HER2-enriquecido (13%) y Basal-like (3%).

Comparado con el Luminal A, el riesgo de progresión de la enfermedad fue superior en el resto de subtipos moleculares. Por ejemplo, en los subtipos HER2-enriquecido y Basal-like fue 2 y 4 veces superior comparado con el Luminal A. Los investigadores también observaron que todos los subtipos moleculares se beneficiaron del ribociclib, excepto el Basal-like.

“Por un lado, nuestro estudio valida definitivamente observaciones previas sobre el valor pronóstico de la clasificación molecular. Por otro, demostramos por primera vez el alto valor clínico de ribociclib en el subtipo HER2-enriquecido, un grupo de tumores muy agresivo cuando se trata con terapia hormonal solamente”, apunta Prat.

Rosa Olmos, de 52 años, padece el subtipo HER2-enriquecido y ya se está beneficiando de este tratamiento hormonal combinado con ribociclib. “Me ha ido muy bien, tengo muy buena calidad de vida”, explica.

Fue con la aparición de la segunda metástasis (la primera la tuvo en la cadera y la segunda en las vértebras) cuando el doctor Prat, conocedor de los potenciales beneficios de combinar la terapia hormonal con el ribociclib, le propuso incluir el fármaco en el tratamiento.

Y todo cambió. “Mi situación ahora es mejor que cuando sólo tenía una metástasis. Casi no tengo efectos secundarios. Ha sido un acierto”. Madre de cuatro hijos, cuenta que hace “vida normal”, trabajando entre “ocho y diez horas diarias”.

“Al cáncer hay que ponerle nombre, primer apellido y segundo”, subraya. “Yo ya tengo este segundo apellido, y para mí no tiene precio. El diagnóstico molecular evita que mi organismo esté recibiendo algo que le puede hacer daño y que además puede que no le funcione”, agrega.

A diferencia de Rosa, esta combinación del tratamiento hormonal con un inhibidor de la proteína CDK4/6 no ha surgido efecto en el caso de Ester Ventoso (66 años), que padece el subtipo Basal-like.

La estuvieron tratando durante cuatro meses con dicha combinación sin ningún resultado. “Mi doctora me dijo que gracias al descubrimiento que han hecho [la clasificación molecular] habrían sabido de antemano que el tratamiento hormonal con el fármaco no me iba a funcionar”.

En noviembre entró en un ensayo clínico y por el momento le está funcionando. Cada dos meses la someten a un tac para comprobar que no le surjan metástasis en los huesos (ella la tiene en el pulmón).

El cáncer de mama afecta a 2,3 millones de personas y causa la muerte de 571.000 cada año. Entre los diferentes tipos de cáncer de mama, el hormonosensible representa el 70% de todos los casos. Cuando la enfermedad está en una fase precoz, el tratamiento local, la quimioterapia y el tratamiento hormonal durante 5 o 10 años han demostrado grandes beneficios a largo plazo en cuanto a la supervivencia.

Aun así, un 20-30% de las pacientes acaba presentando enfermedad avanzada durante el seguimiento. En este contexto, la supervivencia está comprometida y hacen falta biomarcadores y tratamientos específicos.

Actualmente, todos los pacientes con cáncer de mama hormonosensible reciben tratamiento hormonal (combinado, en algunos casos, con ribociclib). Pero gracias a la validación de esta clasificación molecular, esta realidad podría cambiar, como ya ocurre en el Clínic.

Hace tiempo que el equipo del doctor Prat conoce los buenos resultados que ofrece esta clasificación, y es por eso que ya tienen en marcha estudios clínicos multicéntricos donde seleccionan a los pacientes en base a este perfil molecular.

“Estamos testando nuevas terapias en estos grupos que nos preocupan más, como el Basal-like, para encontrar un tratamiento que funcione. Ahora estamos probando la inmunoterapia en este grupo”, esgrime.

Esta clasificación molecular todavía no se usa a nivel clínico. Falta ver cuál será la reacción de la comunidad científica a la publicación de su validación por parte del laboratorio que dirige el doctor Prat.

“Pero ya existen tests moleculares que identifican esta biología, y nosotros hemos demostrado su potencial utilidad clínica. Falta que estos tests se implementen en este contexto”, destaca el jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Clínic.

A su juicio, la clave de la investigación ha sido poder “acceder a unas muestras muy preciadas que son de estudios en fase III”. “Son tres estudios internacionales muy grandes, bien diseñados, muy homogéneos y donde todo está muy bien controlado. Hemos podido hacer algo que muy pocos biomarcadores consiguen”, relata Prat.

Desde hace cinco años, la línea de investigación de su laboratorio ha permitido describir la heterogeneidad biológica de la enfermedad hormonosensible e identificar los cuatro grupos moleculares con diferentes pronósticos y sensibilidades a los tratamientos. “Por eso ahora hemos tenido la capacidad de convencer a Novartis de que nos dieran acceso a estas muestras para realizar nuestro estudio”.

Según Prat, lo “novedoso” de su investigación es que han conseguido “validar” los biomarcadores, cuando “la mayoría se quedan en la fase de ser prometedores”. “No hay muchos biomarcadores que hayan dado el salto a ser validados”, concluye.

Este estudio ha sido financiado por Novartis, el Instituto de Salud Carlos III, la Breast Cancer Research Foundation, la Fundación Breast Cancer Now, la Generalitat de Catalunya dentro del programa Peris, la Fundació La Marató TV3, fondos europeos Horizon 2020 (proyecto RESCUER), la Fundación Científica de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), y las asociaciones Save the Mama, Pas a Pas y Cáncer de Mama Metastásico.

Vea la versión original en lavanguardia.com

Se detecta un posible freno al desarrollo de la metástasis del cáncer de mama

Actuar sobre una proteína concreta -la POU1F1- para incidir negativamente en el desarrollo de la metástasis del cáncer de mama. Esa es una posibilidad que se abre tras la investigación llevada a cabo por un grupo del CiMUS de la USC liderado por Román Pérez-Fernández. «Esta proteína hace que el tumor sea más malo», simplifica el investigador. Lo hace a través de la regulación de LDHA, lo que permite modificar el fenotipo de las células cancerosas y favorecer la progresión tumoral y la metástasis.

Este hallazgo suma en la cadena del grupo que viene estudiando esa proteína desde hace años. «Sabíamos que la POU1F1 se produce en la glándula mamaria y que cuando se produce mucha es mala, porque hace que las células tumorales crezcan más, migren más, invadan más y, por tanto, que hagan metástasis», recuerda Pérez-Fernández. Todos esos estudios han sido documentados con publicaciones en revistas científicas especializadas. En su nuevo paso, que lo recoge la revista Oncogene, han ido más allá. Se plantearon si esa proteína estaba relacionada con el cambio de metabolismo de las células cancerosas. Y demostraron que sí.

«Esta proteína regula una encima que es clave en la formación de lactato», confirma el investigador. Este lactato lo producen las células cancerosas en lo que se denomina el efecto Warburg, nombre derivado del científico que lo descubrió en los años treinta. La investigación del grupo de Román Pérez-Fernández vincula la citada proteína con ese lactato que favorece la progresión del cáncer de mama, metástasis y la activación de los fibroblastos.

«El lactato aumenta la proliferación, la migración y la invasión de las células del cáncer de mama. Además, activa los fibroblastos normales transformándolos en fibroblastos asociados al cáncer. Clínicamente, en pacientes con cáncer de mama, una mayor expresión de POU1F1 y LDHA se relaciona con la formación de metástasis», explica el primer firmante del artículo Anxo Martínez-Ordóñez. «Nuestros datos -añade- indican que la POU1F1 induce una reprogramación metabólica por medio de la regulación de LDHA en células tumorales de mama humanas, modificando tanto las características de las células cancerosas y promoviendo progresión tumoral».

Vitamina D e inhibidores

Con este descubrimiento de una diana terapéutica en el abordaje del cáncer se abre una vía de futuro, actuando directamente sobre la proteína POU1F1. «Hay una sustancia que la disminuye, que es la vitamina D», señala Román Pérez-Fernández. «Nosotros decimos o bien por esa vitamina D o por inhibidores de la LDHA, que ya se conocen, podría ser un buen tratamiento para este tipo de tumores», completa.

«En teoría, la célula tumoral se volvería más buena y, por tanto, no sería más mala. Si tú frenas el avance tumoral lograrías que hicieras menos metástasis o que no lo hiciera», expone. Todo esto, que apunta solamente en el campo del cáncer de mama, discurre en el terreno de la mera hipótesis. Como ocurre en estas investigaciones, depende de un desarrollo posterior que lo valide.

«En desarrollo de fármacos para cáncer es probablemente de los más complicados de casi todos, porque actúa en otras células y tiene que estar todo muy controlado. Normalmente, tarda entre 10 y 15 años. Pero también tardaba el del covid-19 y se hizo en un año. Todo depende del interés y de los recursos que se pongan», concluye Pérez-Fernández.

 

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El estudio MINDACT publica datos históricos

Los datos de seguimiento a largo plazo del proyecto MINDACT, desarrollado por Agendia, Inc, han sido publicados en The Lancet Oncology. En este informe se presentan los avances del estudio para determinar la necesidad de la quimioterapia en las mujeres con cáncer de mama. Se puede leer en informe completo aquí.

Entre estos datos se encuentran:

  • La supervivencia libre de metástasis a distancia (SLMD) a los 5 años en mujeres con cáncer de mama de alto riesgo clínico, pero de bajo riesgo genómico, no tratadas con quimioterapia fue del 95,1 %, lo que demuestra que las pacientes con MammaPrint® de bajo riesgo tienen excelentes resultados sin quimioterapia adyuvante.
  • La diferencia en la SLMD a 5 años entre los pacientes de esta cohorte tratados con y sin quimioterapia es ahora del 0,9 %, un valor no significativo, una reducción importante respecto al 1,5 % comunicado previamente en el New England Journal of Medicine en 2016.
  • Al estratificar clínicamente a las pacientes de alto/bajo riesgo de MammaPrint® por edad, los investigadores descubrieron que, en el caso de las mujeres mayores de 50 años, no había diferencias entre las que habían recibido quimioterapia adyuvante y las que no, lo que indicaba que estas pacientes podían evitar la quimioterapia con seguridad y obtener los mismos resultados.
  • Para la comunidad investigadora, las observaciones relativas a las mujeres de 50 años o menores que muestran un beneficio del 5 % detectado por la quimioterapia a los 8,7 años son de interés y deberían conducir a la investigación sobre los méritos respectivos de la quimioterapia o la supresión de la función ovárica a través de un análogo de la LHRH en esta población específica de pacientes jóvenes, de alto riesgo clínico y bajo riesgo genómico.
  • Como se ilustró en 2016, los resultados a largo plazo de MINDACT fueron consistentes tanto en pacientes con ganglios linfáticos negativos como en pacientes con ganglios linfáticos positivos de 1 a 3, lo que demuestra que una clasificación MammaPrint® de bajo riesgo debe considerarse de bajo riesgo independientemente de otros factores clínicos y que las pacientes de esta población pueden evitar la quimioterapia.

“Estamos muy orgullosos de la publicación de estos resultados en The Lancet Oncology: el seguimiento a largo plazo revela claramente la utilidad de MammaPrint para los médicos y sus pacientes. En particular, confirma que un riesgo genómico bajo significa un riesgo bajo, y que podemos desescalar con seguridad a las pacientes, especialmente las mayores de 50 años, que tradicionalmente han sido tratadas de forma agresiva, incluidas aquellas con ganglios linfáticos positivos”, señala Martine Piccart, DM, PhD, profesora honoraria de Oncología en la Université Libre de Bruselas, directora científica del Instituto Jules Bordet, miembro del Consejo Científico Asesor de la Fundación para la Investigación del Cáncer de Mama, expresidenta de la EORTC, expresidenta de la ESMO y la ECCO e investigadora principal del ensayo MINDACT. “Estos datos refuerzan que todas las pacientes con cáncer de mama precoz deberían tener acceso a las pruebas de riesgo de recurrencia, que deberían considerarse el estándar de atención al diagnóstico para todas las mujeres”, añade Piccart.

Los resultados a los 8,7 años refuerzan lo encontrado a los 5 años: un resultado de MammaPrint® de bajo riesgo identifica un subconjunto de pacientes con cáncer de mama con hasta tres ganglios linfáticos positivos que pueden renunciar con éxito a la quimioterapia adyuvante, independientemente de su riesgo clínico. Ahora se observa un “efecto de la edad” que debe tenerse en cuenta. Estos datos refuerzan la necesidad fundamental de examinar la biología de un tumor antes de tomar una decisión conjunta sobre una vía de tratamiento, ya que la información adicional puede utilizarse para optimizar la estrategia de tratamiento en pacientes de todas las edades.

“Ha habido un interés creciente en toda la comunidad del cáncer de mama por comprender el beneficio de la quimioterapia para las mujeres premenopáusicas”, comenta la doctora Laura van´t Veer, cofundadora y jefa de investigación de Agendia. “Es importante analizar esta tendencia y su conexión con la supresión ovárica y también garantizar que todas las mujeres, de todas las edades, tengan acceso a las pruebas genómicas ya que, en última instancia, esto permitirá a los médicos y a las pacientes evaluar todas las opciones posibles basadas en perfiles genómicos confirmatorios como parte de un plan de tratamiento informado”, concluye van’t Veer.

Mediante la utilización de MammaPrint y BluePrint para comprender la biología del tumor de una paciente, los médicos pueden determinar con seguridad tanto la necesidad de quimioterapia como de terapia endocrina, así como el momento de una intervención. Estos datos de seguimiento a largo plazo confirman la utilidad clínica de MammaPrint para establecer el tratamiento postoperatorio y subrayan el compromiso de Agendia de mejorar los resultados para los pacientes.

 

 

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El Hospital Ruber Internacional, uno de los pocos centros especializado en la reconstrucción de la mama con tejido de la propia paciente

El Hospital Ruber Internacional ha conformado un sofisticado equipo técnico para la reconstrucción de la mama con tejido de la propia paciente que le convierte en uno de los pocos centros privados especializado en la técnica de reconstrucción de mama con colgajo DIEP (Deep Inferior Epigastric Perforator).

El centro explica que reconstruir la mama tras una mastectomía es mucho más que una cuestión estética, ya que la pérdida de una mama puede causar problemas emocionales, psicológicos o incluso físicos, como una mayor susceptibilidad a sufrir lesiones de espalda. Actualmente existen diferentes técnicas capaces de restaurar su anatomía y funcionalidad. Y todo ello sin recurrir a una prótesis mamaria.

Señala que la técnica de reconstrucción DIEP (Deep Inferior Epigastric Perforator) es la que ofrece mejores resultados, como “una mayor naturalidad y mejor evolución a largo plazo”. Se caracteriza por tomar tejido del abdomen del paciente para reconstruir la mama y la “única” dificultad es su gran complejidad.

El Hospital Ruber Internacional dispone del equipo humano y técnico necesario para realizar este tipo de procedimientos quirúrgicos. Indica que la reconstrucción mamaria devuelve la anatomía funcional y cosmética que ha perdido la paciente tras someterse a una mastectomía. “Ya sea por un cáncer de mama (una de cada diez mujeres en España se verá afectada por ello) y en menor medida debido a un traumatismo o una infección. Reconstruir una mama implica restaurar tanto la piel, la areola y el pezón como la glándula mamaria”, explica.

Según el especialista en cirugía plástica, estética y reparadora del Hospital Ruber Internacional, César Casado, muchas veces solo es necesario reconstruir una de estas partes o tejidos porque hay otros que permanecen íntegros en la cirugía oncológica. El cirujano plástico relata que “esto depende del tumor y del tipo de mastectomía, que puede ser total al eliminar todos los tejidos, o parcial, donde solo extirpas un segmento de la mama”.

CIRUGÍAS DE RECONSTRUCCIÓN

El Hospital Ruber Internacional lleva a cabo unas 150 cirugías de reconstrucción mamaria cada año. Unas operaciones que tienen como objetivo restituir la integridad física y emocional de la paciente. “Si la paciente se ve mutilada, siempre se va a acordar de la enfermedad”, destaca el doctor César Casado, que señala que perder una mama puede condicionar la vida diaria de múltiples formas, comenzando por la autoestima de la paciente.

Actualmente la reconstrucción mamaria se plantea de forma tanto inmediata (reconstrucción a la vez que se extirpa la mama) como diferida. Esto es, después de haber terminado todos los tratamientos oncológicos, como la cirugía oncológica, quimioterapia y radioterapia. Ya sea de forma inmediata o diferida se puede hacer este procedimiento mediante prótesis-técnicas protésicas-o con tejido autólogo, de la propia paciente.

El centro sanitario detalla que la características propias de la paciente son clave para determinar la técnica más idónea. La obesidad o el tabaquismo son contraindicaciones para algunos procedimientos. Así como el tipo de tratamiento. “La radioterapia es un tratamiento que salva muchas vidas, pero es menos compatible con algunas técnicas reconstructivas”, subraya el doctor César Casado.

Explica que dentro de las técnicas reconstructivas, el empleo del tejido de la propia paciente es considerado la mejor alternativa, ya que proporciona resultados estables y duraderos en el tiempo.

Más en concreto, la técnica de reconstrucción de mama con colgajo DIEP (Deep Inferior Epigastric Perforator) es la más sofisticada y avanzada de su tipo. Según informa el doctor César Casado, consiste en extraer grasa y piel del abdomen de la paciente. “La técnica DIEP se puede aplicar siempre que haya tejido en el abdomen, por debajo del ombligo, que es muy similar al de la mama”, dice.

De acuerdo con el doctor, ser candidato a esta cirugía no es cuestión de estar más o menos delgado, sino de la laxitud del tejido. Como indica, “si es muy laxo puedes cerrar abdomen y dejar una cicatriz tolerable”.

Sin embargo, también es la técnica más compleja. Ya que, según asevera el doctor, requiere “coger vasos sanguíneos que son muy finos del abdomen, localizar vasos sanguíneos situados debajo de las costillas y unirlos a los del abdomen mediante microcirugía”. De esta forma, es un procedimiento que requiere mucha experiencia y exigencia técnica, pero que perdura para siempre. Esto no sucede con las prótesis mamarias. “A una paciente con prótesis nunca le puedo dar el alta, la prótesis siempre se puede romper”, señala el especialista en cirugía plástica. Además de que permanece invariable con el paso de los años. En cambio, la técnica DIEP reconstruye una mama que adelgaza, engorda y envejece al igual que hará la paciente, agrega.

Para lograr esto, el Hospital Ruber Internacional dispone sofisticado equipo. Entre las diferentes herramientas, el doctor César Casado destaca las cualidades del microscopio quirúrgico Kinevo 900. Según afirma, “te permite analizar la viabilidad de los tejidos en el momento en lugar de esperar hasta el postoperatorio para comprobar si ha funcionado. Es una herramienta más que facilita la viabilidad de las microsuturas vasculares”.

SERVIMEDIA

Imagen: El doctor César Casado en el quirófano/ SERVIMEDIA

deporte cancer de mama

Efectos positivos del deporte en pacientes con cáncer

Cada vez hay mayor evidencia de los efectos beneficiosos del ejercicio físico sobre la capacidad física y el bienestar psicológico en los pacientes con cáncer. Actividad y ejercicio físico son un medio para oponerse a muchos de los síntomas que presenta un paciente, derivados de su enfermedad o del tratamiento, como fatiga y náuseas, contribuyendo a la mejoría y recuperación de la calidad de vida. Se recomienda para todos los pacientes, teniendo en cuenta algunos aspectos específicos según el tipo de cáncer. Por ejemplo, en caso de cirugía de cáncer de mama se evalúa de forma previa la movilidad de brazo y hombro, por si precisase fisioterapia específica, pero el ejercicio físico se recomienda para todos los pacientes en general, adaptado a sus circunstancias basales.

El beneficio potencial de la actividad física se va a dar independientemente de si se ha realizado deporte de forma previa o no, mediante ejercicio adaptado lógicamente a las circunstancias basales. Numerosos estudios observacionales han mostrado que los pacientes con cáncer de próstata, colon o mama que se mantienen físicamente activos, tienen una mayor probabilidad de supervivencia comparados con aquellos que son inactivos. Aunque no está definida la cantidad de ejercicio, se recomienda un programa integrado de actividad aeróbica y fuerza, inicialmente de intensidad baja o media, según el estado físicobasal, e introduciendo pequeñas sesiones de mayor intensidad.

El deporte, además de influir en la supervivencia post-diagnóstico, también juega un papel en la prevención, con estudios que indican que entre 2,5-5 horas de ejercicio moderado a lo largo de toda la semana pueden ayudar en la prevención de diferentes cánceres (como mama, colon, endometrio, vejiga, riñón, estómago, pulmón), además de reducir los riesgos de otras enfermedades.

¿Cuándo iniciarse?

El ejercicio puede iniciarse durante el tratamiento, ya que puede ayudar a mitigar síntomas y efectos adversos de cirugía, quimio o radioterapia. La mayoría de los estudios permiten concluir que el ejercicio es seguro durante el tratamiento y beneficioso cuando se realiza de forma progresiva y adaptada a la situación basal, progresando gradualmente hacia moderada intensidad e incrementando su duración. Ya en la recuperación, es importante mantener la práctica deportiva. Potenciar la adherencia a la actividad física en esta etapa juega un papel fundamental por sus beneficios a largo plazo, físicos y psicológicos.

Los pacientes con cáncer deberían realizar el ejercicio de acuerdo a los niveles recomendados para la población general, según su situación cardiovascular o pulmonar, pero teniendo en cuenta algunos aspectos concretos. Por ejemplo, existe un tiempo de espera en la postcirugía, que puede ser de varias semanas. Se recomienda así mismo extremar los cuidados para evitar las infecciones cutáneas en los centros deportivos. Y en caso de metástasis óseas, estos pacientes pueden necesitar modificar su programa de ejercicio evitando los ejercicios de fuerza sobre el hueso afectado para evitar riesgo de fracturas.

Según la localización del tumor, previo al inicio de ejercicio, se recomienda:

  • Mama: evaluar movilidad de brazos y hombros antes de comenzar ejercicio de extremidades superiores.
  • Próstata: valorar fuerza muscular y debilidad.
  • Colón: evaluar riesgo de eventración, o problemas con ostomía si lo hubiese.
  • Ginecológicos: evaluar la presencia o no de linfedema de miembros inferiores, antes de iniciar ejercicio intenso de fuerza o resistencia aeróbica.

Supervisión profesional

Se recomienda que el plan de ejercicios sea individualizado y adaptado a cada individuo, al tipo de tumor y al momento de tratamiento en curso. El ejercicio debe estar fundamentalmente orientado al mantenimiento de la masa y fuerza muscular. Es recomendable que sea supervisado por fisioterapeutas o instructores para su correcta realización, en coordinación con el médico tratante ante cualquier duda.

Las sociedades oncológicas recomiendan la actividad deportiva como una estrategia de intervención para ayudar en el manejo de síntomas y mejoría de la calidad de vida, y posiblemente incluso a extender la supervivencia.

Beneficios del ejercicio en pacientes con cáncer

El ejercicio en el paciente oncológico, ofrece grandes beneficios, como:

  • Mejoría de fatiga y cansancio
  • Reducción de ansiedad y estrés
  • Mejoría de náuseas y vómitos
  • Promoción de la autoestima y disminución del desánimo y la depresión.
  • Disminución del dolor al potenciar el sistema endocannabinoide.
  • Disminución del riesgo de osteoporosis
  • Reducción de los efectos secundarios de quimioterapia/radioterapia o del tratamiento hormonal, compensando los efectos secundarios.
  • Descenso del riesgo de trombosis venosa que está incrementada en el paciente oncológico
  • Disminución de pérdida de fuerza y del deterioro funcional
  • Mayor supervivencia, también para otras patologías no oncológicas (diabetes, hipertensión, eventos cardiovasculares, etc.).

Es recomendable que el ejercicio sea supervisado por fisioterapeutas o instructores para su correcta realización, en coordinación con el médico tratante ante cualquier duda. (Freepik)

Muchos de estos efectos beneficiosos están relacionados con las propiedades generales del ejercicio en la promoción de la salud en general. Pero cada vez es más evidente que el entrenamiento físico puede tener efectos directos sobre el cáncer y su tratamiento, aunque todavía no conocemos exactamente todos los mecanismos que justifican este beneficio.

Los músculos en contracción liberan a la sangre unas sustancias denominadas ‘miokinas’. Estas tienen la capacidad de alcanzar muchos tejidos como el adiposo, el páncreas, el hígado o el hueso. De esta forma, el ejercicio puede favorecer la normalización de los niveles de insulina por ejemplo, o puede tener un efecto antiinflamatorio, de forma que cuando hacemos ejercicio regularmente se genera un ambiente fisiológico saludable, con menores niveles de inflamación crónica a nivel sistémico. Y por otra parte, parece que el ejercicio estimula la función inmune, sobre todo en lo que respecta a los llamados linfocitos ‘natural killer’. Estas células representan una primera línea de defensa o vigilancia de nuestro organismo contra la invasión de microorganismos y el desarrollo de tumores. El ejercicio favorece la movilización de estas células hacia los tumores.

150 minutos a la semana

El ejercicio físico mínimo recomendado por la Organización Mundial de la Salud, y que ya demuestra un beneficio en cáncer, es de 150 minutos a la semana en caso de ejercicio físico moderado (por ejemplo caminar 30 minutos al día, 5 días a la semana) o 75 minutos/semana en caso de ejercicio físico intenso. Pero las recomendaciones de la OMS invitan a las personas que llegan a cumplir con ese mínimo a incrementar la duración y a realizar dos veces a la semana ejercicios de fortalecimiento de los grandes grupos musculares.

Se puede practicar el deporte tanto en solitario como acompañado. Dependerá de las necesidades del paciente y de si el estar acompañado facilita o no su adherencia al ejercicio.

La recomendación sería adaptar la práctica deportiva a las necesidades de tratamiento, pero sin suspenderlo, por ser saludable y hasta terapéutico. La actividad física se relaciona con una menor probabilidad de recidiva y una mejor supervivencia global.

El ejercicio puede ayudar en la prevención y en el control de la enfermedad, puede interactuar con los tratamientos antineoplásicos, y mejorar el funcionamiento físico y los resultados psicosociales de los pacientes. Pero los efectos beneficiosos del ejercicio se manifiestan también en las enfermedades cardiovasculares, metabólicas como la diabetes, neurodegenerativas y osteoarticulares, con lo que el ejercicio físico regular se convierte en una intervención altamente beneficiosa.

Autora: DRA. AMAIA RAMÍREZ (Clínica Corachan)

Mundo Deportivo

Andrógenos en el tratamiento del cáncer de mama

Investigadores de la Universidad de Adelaida, en Australia, han encontrado nueva evidencia sobre el papel positivo de los andrógenos en el tratamiento del cáncer de mama con implicaciones inmediatas para las mujeres con enfermedad metastásica impulsada por receptores de estrógeno.

Publicado en la revista ‘Nature Medicine’, el estudio internacional realizado en colaboración con el Instituto Garvan de Investigación Médica, analizó el papel de los andrógenos, comúnmente considerados hormonas sexuales masculinas pero que también se encuentran en niveles más bajos en las mujeres, como un tratamiento potencial para el receptor de estrógeno en el cáncer de mama positivo.

En el desarrollo normal de los senos, el estrógeno estimula y el andrógeno inhibe el crecimiento en la pubertad y durante la vida adulta. La actividad anormal de los estrógenos es responsable de la mayoría de los cánceres de mama, pero el papel de la actividad de los andrógenos en esta enfermedad ha sido controvertido.

Los andrógenos se utilizaron históricamente para tratar el cáncer de mama, pero el conocimiento de los receptores hormonales en el tejido mamario era rudimentario en ese momento y se malinterpretaba la eficacia del tratamiento. La terapia con andrógenos se suspendió debido a los efectos secundarios virilizantes y al advenimiento de las terapias endocrinas anti-estrogénicas.

Si bien la terapia endocrina es el tratamiento estándar para el cáncer de mama con receptor de estrógeno positivo, la resistencia a estos fármacos es la principal causa de mortalidad por cáncer de mama.

El profesor Wayne Tilley, director de los Laboratorios de Investigación del Cáncer Dame Roma Mitchell, y la profesora asociada Theresa Hickey, jefa del Grupo de Cáncer de Mama, quien dirigió el estudio, dicen que la necesidad de estrategias de tratamiento alternativas ha renovado el interés en la terapia con andrógenos para el cáncer de mama.

Sin embargo, estudios anteriores habían producido pruebas contradictorias sobre la mejor manera de apuntar terapéuticamente al receptor de andrógenos para el tratamiento del cáncer de mama, lo que provocó una confusión generalizada y obstaculizó la aplicación clínica.

Utilizando modelos de línea celular y derivados de pacientes, un equipo global, que incluía a investigadores de la Universidad de Adelaida y el Instituto Garvan, demostró que la activación del receptor de andrógenos por un andrógeno natural o un nuevo fármaco androgénico tenía una potente actividad antitumoral en todos los receptores de estrógeno positivos en cánceres de mama, incluso aquellos resistentes a los tratamientos estándar actuales. Por el contrario, los inhibidores del receptor de andrógenos no tuvieron efecto.

“Este trabajo tiene implicaciones inmediatas para las mujeres con cáncer de mama metastásico con receptor de estrógeno positivo, incluidas las resistentes a las formas actuales de terapia endocrina”, resalta la profesora asociada Theresa Hickey.

El profesor Tilley agrega que, con él, se proporcionan “nuevas pruebas experimentales convincentes de que los fármacos estimulantes del receptor de andrógenos pueden ser más eficaces que los tratamientos estándar de atención existentes (como el tamoxifeno) o nuevos (como el palbociclib) y, en el caso de estos últimos, pueden combinarse para mejorar la inhibición del crecimiento.

Además, los agentes activadores del receptor de andrógenos selectivos actualmente disponibles carecen de los efectos secundarios indeseables de los andrógenos naturales y pueden conferir beneficios a las mujeres, incluida la promoción de la salud ósea, muscular y mental.

La profesora asociada Elgene Lim, oncóloga de mama y directora del Laboratorio de Investigación del Cáncer de Mama Connie Johnson en el Instituto Garvan, destaca que “los nuevos conocimientos de este estudio deberían aclarar la confusión generalizada sobre el papel del receptor de andrógenos en el cáncer de mama impulsado por el receptor de estrógeno”.

Dada la eficacia de esta estrategia de tratamiento en múltiples etapas de la enfermedad en nuestro estudio, esperamos traducir estos hallazgos en ensayos clínicos como una nueva clase de terapia endocrina para el cáncer de mama”, adelanta.

El doctor Stephen Birrell, especialista en cáncer de mama y pionero en andrógenos y salud de la mujer que formó parte del equipo de Adelaida, señaló que este hallazgo fundamental tiene una aplicación más allá del tratamiento del cáncer de mama, incluida la prevención del cáncer de mama y el tratamiento de otros trastornos también impulsados por el estrógeno.

Chloe Marshall, paciente de 33 años, tiene una recurrencia de cáncer de mama mientras estaba embarazada de su segundo hijo. Lamenta que la terapia endocrina tiene efectos secundarios terribles y había una necesidad urgente de mejores opciones para prevenir y tratar la recurrencia del cáncer de mama. “Me diagnosticaron un cáncer de mama con hormonas positivas en julio de 2017 y posteriormente descubrí que era portadora del gen BRACA”, explica.

“Me sometí a una mastectomía doble y quimioterapia neoadyuvante seguida de dos años de tratamiento supresor hormonal. El tratamiento supresor hormonal que experimenté fue una de las partes más difíciles de tener cáncer. El impacto que tiene en su mente / vida / cuerpo es increíblemente desafiante”.

Ahora, tres años después, me encuentro con un cáncer recurrente cuando tengo 25 semanas de embarazo. La idea de tener un tratamiento supresor hormonal durante cinco a diez años más es abrumadora –reconoce–. Creo que este estudio ayudará a pacientes como yo a tener la esperanza de que haya otra respuesta a la vida después del diagnóstico de cáncer”.

El médico interactivo